miércoles, 7 de mayo de 2025

Un Chileno en el Gran Lago Salado

 


Un chileno en el
Gran Lago Salado

Pedro del Río Zañartu y su visita a Salt Lake City en 1880

Rodolfo A. Acevedo

2004


Don Pedro del Río Zañartu (1840–1918)

 

Don Pedro del Río Zañartu (1840–1918) fue el primer chileno de quien tengamos registro que visitó la ciudad de Salt Lake City, en el estado de Utah, Estados Unidos, durante el siglo XIX. Fue un destacado penquista, habitante de la ciudad de Concepción, cuya trayectoria se extendió entre el siglo XIX y los primeros años del siglo XX.

Don Pedro del Río Zañartu nació en la ciudad de Concepción el 1° de agosto de 1840 en el hogar de don Pedro José del Río y Cruz y doña Francisca Zañartu y Trujillo, padres de ascendencia vasca y extremeña, heredando por la línea materna la encomienda que un día le perteneciera a don Pedro de Valdivia, llamada Hualpén, cuyo significado es “Veo Alrededor”[1].

La segunda mitad del fundo Hualpén, que comprende lo que se conoce como  “Hualpencillo” y “Hualpén  Alto” –dentro del cual se halla el parque- fue heredada por doña Francisca Zañartu Trujillo, la madre del filántropo”[2].

Dueño del Fundo Hualpén, que guarda el actual museo que legara a la ciudad de Concepción un año antes de su muerte en 1917, se ha señalado que “el supremo acto de filantropía que ha mantenido vivo el recuerdo del vecino ilustre que fue don Pedro del Río Zañartu consistió en la donación a la ciudad del fundo “Hualpén” en toda su extensión, “con sus bosques, cierros, casas i todo lo que contiene”[3] con el propósito de perpetuar el nombre de su padre y el suyo propio.

En su testamento definitivo, otorgado el 8 de noviembre de 1917, don Pedro del Río lega su fundo de Hualpén a la ciudad de Concepción…”Poseo desde hace muchos años el fundo Hualpén, en el Departamento de Talcahuano, que en parte heredé de mi madre doña Francisca Zañartu Trujillo y que casi desde la conquista ha pertenecido a mis familias Santa María, Zañartu y Del Río. Por su situación a orillas del mar en la desembocadura misma del Bío Bío, por su terreno accidentado sembrado de bosques naturales, es éste uno de los paisajes más pintorescos del mundo, y sin duda alguna, el  más bello de los alrededores de Concepción…Allí resido desde hace largos años, allí he pasado mis días más felices y soportado las mayores desgracias de la vida. Me ligan tantos recuerdos a este fundo que quiero que sus campos, las casas donde he vivido tantos años y todo lo que contiene, menaje, pinturas, museo, colecciones de monedas, continúen siempre proporcionando estos ratos de placer a los visitantes y sean con el tiempo el paseo favorito de la ciudad de Concepción.

Lego, pues, a la ciudad de Concepción, o sea a la entidad jurídica que la represente, mi fundo Hualpén, con sus bosques, cierros, casas y todo lo que contiene, y para perpetuar el nombre de mi padre y el mío propio, se llamará desde mi muerte “Parque Pedro del Río Zañartu”[4].

“Mucho tenía de Del Río don Pedro en la dulzura y claridad de su mirada y en su talante de gran señor, pero en la resolución y energía de su carácter –sostiene Oliver Schneider – rezumaba lo Zañartu”; así, al explicar algún gesto brusco de su parte, solía repetir su consabida frase “y entonces se me salió lo Zañartu y…”[5] Pero de la madre también heredó la fe, su piedad de católico “poco practicante” según se declaraba”.[6]

Su padre había sido un gran patriota que había participado en el sitio de Chillán y durante la Reconquista española había sido hecho prisionero siendo liberado en 1817 por las fuerzas patriotas, tras haber pasado gran parte de su cautiverio en la isla Quiriquina.

“De la infancia de don Pedro fueron testigos los bosques de Hualpén, que aprendió a amar intensamente y las calles del Concepción de mediados del siglo XIX…crióse el lozano niño bajo los selváticos pataguales de Hualpén, a orillas del majestuoso Bío Bío, que así riega la planta de erguidos robles, como nutre la vitalidad de quienes de sus aguas beben de altos pensamientos y empinadas voluntades”, escribía en su peculiar estilo, don Benjamín Vicuña Mackenna, prologando las primeras crónicas de viaje de don Pedro del Río”.[7]

En su infancia y juventud estudió en Concepción y Valparaíso. Así, un día de 1850 abandonó los bosques de Hualpén, “con un sinnúmero de recomendaciones, dada su corta edad”, e ingresó al colegio de los educacionistas ingleses Goldfinch y Bluhm, donde se formaron —al decir de Oliver Schneider— gran parte de las generaciones porteñas del siglo XIX.

Sobre aquellos años en Valparaíso, cuenta Vicuña Mackenna, en el prólogo tantas veces citado: “…sus condiscípulos le recuerdan más como un gladiador que como un camarada, siempre el primero en acometer, pero siempre generoso, franco, leal, impetuoso hasta la temeridad i por lo mismo sensible al dolor o a la miseria ajena, i pronto a remediarla”.

Por otro lado, volcó su sensibilidad artística en la pintura, siendo alumno del pintor Somerscales en Valparaíso.

La mala salud de su padre y su posterior muerte lo llevaron de regreso a su natal Concepción, donde inició su exitosa actividad profesional en los ámbitos agrícola, comercial e industrial. Esta actividad lo convertiría en un “empresario y progresista” en áreas tan diversas como la explotación agrícola, la instalación de saladurías, flotillas de naves mercantes, empresas de caza de ballenas, refinerías, expendio de cereales, cría de ganado, viñedos y propiedades.

La tragedia familiar y el viaje de 1880

Sin embargo, en medio de esta actividad se produce una tragedia en la vida de don Pedro del Río Zañartu, en la muerte de su esposa doña Ana Rosa Serrano y la de sus dos hijos en forma casi simultánea, tragedia que lo llevaría a recorrer los “cinco continentes, en busca de consuelo”[8],  entre los años 1880 y 1882.

 “Del matrimonio Del Río Serrano habrían de nacer dos hijos: Ana Rosa, el 7 de marzo de 1876, y Pedro, dos años después. Pocos años duraría la felicidad de la joven pareja. La difteria, que asolaba a la zona en aquellos días, dio muerte, en forma simultánea, a la esposa y a los herederos del señor de Hualpén: 1l, 18, 19 y 20 de febrero de 1880 fueron muriendo uno tras otro, doña Ana Rosa, su hija homónima y Pedro. La tradición penquista cuenta que, mientras llevaba uno al cementerio, el otro fallecía en su hogar.


Un apunte biográfico, redactado pocos años después, relata así la tragedia:

“Arreglados sus negocios, quiso Pedro del Río procurar a su angelical esposa…, constante compañera de sus inquietudes, y a sus dos preciosos hijos, delicias de ese hogar, algunos días de distracción y de descanso en medio de los suyos, y a este efecto la trasladó, en los primeros días de febrero de 1880 a Talcahuano, donde a la sazón se encontraba su señora madre doña Francisca Zañartu del Río”.

“Y allí, en aquellas horas concedidas por la primera vez a blando reposo, sobrevínole horrible catástrofe que en el tiempo de su consumación humedeció todos los ojos y conmovió todos los corazones que viven dentro del hogar y para el hogar. Una mañana, en pocas horas, su hermosa compañera, en toda la plenitud de la vida y de la felicidad, sintióse atacada de mortal congoja y, asida de sus dos tiernos hijos, voló al cielo”[9].

Impactado por la inesperada tragedia, don Pedro cayó en una profunda depresión que lo llevó al borde del suicidio. En la casona vacía y silenciosa, cada rincón le recordaba a su familia perdida. Buscando mitigar su inmensa pena y evitar sucumbir al dolor, se lanzó a recorrer el mundo por primera vez.

“Sintiendo su propio suelo como estrecho a su dolor punzante y perenne,…viudo de toda humana dicha, tomaba en Valparaíso, el 7 de julio de 1880, el primer vapor que zarpaba en dirección al norte…”[10]

“Buscando algún alivio para su pena infinita, emprendió el benefactor su primer viaje. El 7 de julio de 1880, acompañado de Emiliano Fuentes Ríos, joven abogado y sobrino suyo…a bordo del “Coquimbo”, dejaba la rada de Valparaíso para dirigirse rumbo al norte. Viaje que lo llevaría a visitar la ciudad mormona de Lago Salado el medio oeste americano y de las Montañas Rocosas.

Tras recorrer la costa chilena hasta Arica, a donde llega algunos días después de la toma del Morro, debe volver al sur. “En Arica, el capitán del vapor, habiéndome repetido por la centésima vez que los peruanos nos sacarían de a bordo en Chimbote, y rehusándonos el pedido de armar doce hombres de la tripulación con los rifles que tenía para hacernos fuertes, resolvimos volvernos a tomar la vía del Estrecho”[11].

Así, muy luego lo encontramos entre los canales del sur, describiéndonos el hermoso y agreste paisaje que se abre ante sus ojos. Punta Arenas, comenta, cuenta “como con mil habitantes, entre estos bastantes extranjeros”; los fueguinos, en tanto, de diez mil”.[12]

Después de conocer Montevideo, los penquistas se dirigieron a la capital argentina. Mientras su sobrino descansaba, don Pedro, infatigable, realizó algunas excursiones al interior, tras lo cual ambos se dirigieron a Brasil. Una vez allí, recorrió Petrópolis, Pernambuco y Río de Janeiro, maravillándose con la riqueza y variedad de la flora y fauna tropical, que veía por primera vez. Luego de navegar por el Amazonas, abordó un vapor rumbo a Martinica, acompañado siempre por su sobrino Emiliano.

Octubre los sorprende entrando a la Bahía de Nueva York, tras una navegación que el calor hiciese larga y penosa. En la gran metrópolis de la costa Este tiene ocasión de admirar el rápido progreso de la joven república, que le provoca elogiosos comentarios.

Desde allí continuó su viaje por la costa: Filadelfia, Baltimore, Washington y Boston desfilaron ante sus ojos, junto a un sinnúmero de localidades más pequeñas. Con el otoño boreal se dirigió a Canadá; allí conoció Montreal, Toronto y otras ciudades situadas a orillas del lago Ontario. Luego retornó a Estados Unidos por la vía del Niágara, adonde llegó en coche. Buffalo y Chicago quedaron atrás mientras avanzaba hacia el oeste y las Montañas Rocosas, con California como destino final en Norteamérica.

“La noche fue espléndida, todo nevado, el tren despacio: la luna brillantísima; yo no pude dormir, y, acostado, por la vidriera, veo esa inmensidad nevada que me parecía un sudario; a veces trepábamos cordilleras, pasando profundas quebradas y correntosos arroyos”. Pedro del Río Zañartu.

Para llegar allá debe atravesar previamente el medio Oeste Omaha, Saint Louis y Kansas City van quedando rápidamente atrás, a bordo del ferrocarril, que ya entonces unía ambas costas del país del Norte. En esta última ciudad escribía:

“Los bichos de todas clases y formas no me dejaron pegar los ojos, principalmente los de cabeza negra, que llegaban a cada momento borrachos como cuero, cantando, bailando o llorando; pero ¿qué otra cosa se puede esperar si ya estamos entre los ‘rudos del Lejano Oeste’?[13]

Desde allí se dirigió a Salt Lake City —capital del territorio de Utah, aún no incorporado como estado a la Unión—, sede del llamado Estado mormón, que tenía gran interés en conocer. Una vez allí, describió con detalle la arquitectura mormona, así como su origen y sus doctrinas; asistió a sus ceremonias y conversó con los fieles. Por entonces —y hasta 1890— se practicaba la poligamia, asunto que, como tantas otras cosas, despertó la curiosidad del filántropo.

Pero nada lo detiene por mucho tiempo y pronto vuelve a emprender la marcha. Reno, Sacramento y finalmente, California. De esta manera, don Pedro del Río contempla la región que, años atrás y mientras duró la fiebre del oro, fue el principal destino de su actividad exportadora[14]

Pero detengámonos ahora en su breve paso por Salt Lake City y conozcamos sus interesantes comentarios que cobran especial relevancia ahora que recientemente se ha anunciado la construcción de un templo mormón en la ciudad natal de don Pedro del Río Zañartu.

 “Después de una noche bien fría arribamos a las 9 de la mañana a Ogden, hallándome algunas horas más tarde en la sagrada ciudad de los Mormones:

“Salt Lake City” o ciudad del Lago Salado”.  Pedro del Río Zañartu.

 

 

Ogden en 1874

 

Ogden: antesala de Salt Lake City

La ciudad de Ogden recibió su nombre del explorador y trampero Peter Skene Ogden y llegó a convertirse en la ciudad más grande del condado de Weber. Antes de ello, otro trampero, Miles Goodyear, había establecido el Fuerte Buenaventura en el lugar que hoy ocupa Ogden. Este asentamiento es considerado uno de los primeros establecimientos permanentes de personas de ascendencia europea en la región que actualmente corresponde a Utah. El Fuerte Buenaventura original se encontraba aproximadamente a una milla al oeste del actual centro de la ciudad de Ogden.

“Desde el comienzo, los líderes mormones vieron el Valle del Lago Salado solo como el punto inicial de establecimiento en la Gran Cuenca. Una vez establecida allí una cabeza de puente, comenzaría la colonización de cada parte habitable de la región. Durante el primer invierno en el valle (1847-1848), decidieron gastar casi dos mil dólares de la paga del Batallón Mormón para comprar al único colono blanco de la región, el trampero Miles Goodyear, quien reclamaba la propiedad de grandes extensiones del valle de Weber, donde hoy se encuentra Ogden, Utah”.[15]

 

En noviembre de 1847, el Fuerte Buenaventura fue comprado por colonos mormones por 1.950 dólares. El asentamiento fue llamado entonces Brownsville y, más tarde, Ogden, en honor a Peter Skene Ogden, de la Hudson’s Bay Company, quien había recorrido el valle del Weber una generación antes. El sitio del antiguo Fuerte Buenaventura es hoy un parque del condado de Weber.

El capitán James Brown visitó el fuerte en agosto de 1847 mientras dirigía, por asignación de Brigham Young, a un grupo de hombres del Batallón Mormón que viajaron a California para obtener el dinero que se les adeudaba por su servicio durante la guerra con México.

El sumo consejo de la Iglesia en Salt Lake City votó permitir a Brown utilizar el dinero que había traído de California para comprar la propiedad de Goodyear y prepararla para el uso de los Santos de los Últimos Días que vivían en el área.

Al lado del templo se encontraba una pequeña cabaña de troncos —considerada una de las casas más antiguas del oeste montañoso— que había sido el hogar de Miles Goodyear.

Para asegurar el éxito y crecimiento de los asentamientos en el condado de Weber, en 1850 Brigham Young eligió a Lorin Farr para hacerse cargo de los asuntos de la zona. A principios de 1851, la colonia recibió su carta del territorio de Deseret y pasó a ser oficialmente la ciudad de Ogden.

La llegada del ferrocarril transcontinental y la transformación de Ogden en un importante centro ferroviario incrementaron la relevancia del condado de Weber en lo que llegaría a ser el estado de Utah. Véase: “Weber Pioneers” [“Pioneros de Weber”], Church News [Noticias de la Iglesia], 22 de julio de 2006, p. 3, sobre la historia de la zona.

Ogden es la ciudad de tamaño considerable más cercana al lugar del Clavo de Oro, en la Cumbre de Promontory, Utah, donde se unió el primer ferrocarril transcontinental en 1869. Debido a su ubicación en las principales rutas de este a oeste y de norte a sur, Ogden llegó a ser un importante nudo ferroviario de pasajeros. Quienes viajaban por tren desde el este de Estados Unidos hacia San Francisco solían pasar por Ogden.

En 1972, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días concluyó la construcción y dedicó el Templo de Ogden, Utah, destinado a servir a la numerosa población de Santos de los Últimos Días de la zona.

Por haber sido históricamente una de las ciudades más grandes de Utah, Ogden conserva numerosos edificios históricos. Con el crecimiento de los suburbios de Salt Lake City y de Provo, su posición relativa en población fue cambiando durante el siglo XX.

El Depósito de Defensa de Ogden, Utah, funcionó entre 1941 y 1997 en el sector norte de la ciudad. Parte de sus antiguos terrenos fue posteriormente convertida en un parque comercial e industrial conocido como Parque Empresarial de Ogden.

 

 

Tras la huella de don Pedro del Río Zañartu en el estado de Utah 


En 1986 tuve la oportunidad y la bendición de viajar por primera vez a Salt Lake City, en el estado de Utah. El viaje fue largo, durante toda la noche, mientras una pantalla iba señalando los lugares por donde pasaba el avión. A ratos me quedaba dormido y, al despertar, volvía a observar la ruta que nos acercaba cada vez más a Estados Unidos. Veíamos relámpagos bajo nosotros y lo que parecían ser luces de barcos en medio del inmenso océano. Arribamos al amanecer a Miami, donde permanecimos algunas horas esperando la conexión que nos llevaría a Salt Lake City. Como disponíamos de tiempo, aprovechamos de salir del aeropuerto y visitar algunos lugares de aquella hermosa ciudad que había sido nuestra puerta de entrada a Estados Unidos.

Fue impresionante para mí ver personas de las más diversas nacionalidades caminando por el inmenso aeropuerto, todas con destinos diferentes y muchas de ellas, como nosotros, llegando por primera vez en su vida a Estados Unidos.

El vuelo desde Miami a Salt Lake City, con escala en Atlanta, fue largo. Bajo las alas del avión se dibujaban los paisajes norteamericanos con sus ríos, montañas, valles y soledades desérticas. Todas aquellas bellezas de la naturaleza estaban bajo nuestros pies y nosotros las contemplábamos asombrados desde la ventanilla. Era como un milagro estar allí, en medio de los cielos y tan lejos de Chile.

 

Sobre las montañas de Utah 

De pronto, el territorio se volvía árido y pedregoso mientras miraba desde la ventanilla del avión. Aparecían altas montañas: ya nos acercábamos a la Ciudad del Lago Salado, la ciudad edificada por la fe de los pioneros y sede de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, o Iglesia mormona, como comúnmente se la conocía en Chile. De su historia hay mucho que decir, pero mientras tanto son las Montañas Rocosas las que me hablan y me hacen recordar lo aprendido de los primeros misioneros mormones que nos enseñaron en el puerto de San Antonio en 1968: los élderes Robert Schallock y Steven Cherry, ambos de California. Son las mismas montañas por donde pasaron los pioneros con sus carretas y carros de mano, las mismas que me sorprenden e inspiran mientras las contemplo desde las alturas.

 

Recuerdo que arribamos a Lago Salado al atardecer del 30 de septiembre. Allí, en el aeropuerto de Salt Lake City, nos esperaban Dorothy Wight, de Murdock Travel, y el presidente Strong y su esposa, quienes recién habían terminado su misión en Chile presidiendo el Templo de Santiago.

Nuestro primer arribo a Salt Lake City se ha convertido, con el paso de los años, en un momento mágico para mí. Aquella tarde, después de saludar y abrazar a nuestros amigos que estaban en el aeropuerto, nos fuimos con Dorothy a su hogar en Bountiful, un hermoso lugar al norte de Salt Lake City. Quedamos de acuerdo con el presidente y la hermana Strong para compartir posteriormente un día con ellos en su hogar.

Era como un sueño cumplido cuando viajábamos desde el aeropuerto hasta la casa de Dorothy, mirando las amplias calles, escuchando música country en la radio del automóvil y observando los edificios y las casas que, para mi impresión, aún conservaban algo del estilo de los pueblos del antiguo Oeste en su trazado y forma. Estábamos en Salt Lake City, y nuestra presencia allí se manifestaba en alegría, agradecimiento y en el profundo deseo de compartir aquella nueva experiencia con nuestra querida familia que había quedado en Chile.

A la mañana siguiente de nuestro arribo visitamos las oficinas de Murdock Travel, la agencia de viajes que atendía los traslados de los misioneros y de las autoridades por aquellos días. Allí nos encontramos con nuestro hermano Conrad H. Burgoyne, quien nos manifestó su aprecio y cariño hacia nuestra familia de una manera muy especial. De aquellos días de Murdock Travel recuerdo también a Dennis Macbeth y sus móviles de aviones hechos con latas de bebidas, que fueron toda una novedad para mí y adornaban su oficina. Fue tal mi impresión con aquellas latas de colores fuertes que traje algunas para nuestros hijos, para que las usaran como portalápices. También recuerdo a Jimmie Dufala.

En nuestro segundo día en la Ciudad del Lago Salado visitamos la Manzana del Templo y recorrimos algunas calles de la ciudad, especialmente las de su casco histórico.

 

                                  Monumento a Brigham Young / marcador del meridiano

                                 Marcador de la base y del meridiano del Gran Lago Salado.

 

En la intersección de la calle Principal y la calle Templo Sur se colocó, en 1847, una placa para definir los límites de la Manzana del Templo. La placa también sirve como punto de origen para el sistema de numeración de las calles de Salt Lake City.

              La ciudad de Salt Lake fue fundada el 24 de julio de 1847 por un grupo de pioneros mormones. (Mormones es el nombre con que comúnmente se conocía a los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, debido al Libro de Mormón). Los pioneros, guiados por Brigham Young, fueron los primeros habitantes no indígenas en establecerse permanentemente en el valle del Lago Salado. El grupo fundador estaba compuesto por 148 personas: 143 hombres, tres mujeres y dos niños. Los mormones llegaron al valle en busca de una región donde pudieran practicar su religión libres de interferencia exterior. Cuando Brigham Young vio por primera vez el valle, declaró: “Este es el lugar”.

              Un autor chileno, don Arturo Aldunate Philip magistralmente dejó registrado en una de sus obras este momento histórico que marcó un hito importante para la historia de los Santos de los Últimos Días:             

“Este es el lugar”, había dicho hacía cerca de 100 años Brigham Young, al asomarse desde lo alto de las colinas que cerraban el Cañón de la Emigración y a cuyas faldas se extendía el valle del Lago Salado,

Sí, allí reconstruirían sus vidas; y en ese fértil valle junto al espejo de plata del gran lago, las columnas cansadas hicieron el alto definitivo.

"Eran los mormones, los más audaces de los "pioneros" que, deseosos de crear su mundo nuevo, de mantener el culto libre de sus creencias, de arrancar a la tierra los materiales para construir sus hogares, habían dejado desierta allá muy lejos, al otro lado del Mississippi, su primera ciudad, Nauvoo, en busca de esta aventura fantástica.

Más de 500 carretas con toda la vida del grupo humano, mujeres, niños y ancianos, con todo el mundo que habían formado a su alrededor, animales, utensilios, armas y herramientas, se internaron en los campos de Iowa, cruzando el Missouri, a través de zonas salvajes y desiertas, hostigados por la amenaza permanente de los indios que no querían intrusos en sus territorios.

La guerra, las enfermedades, las privaciones, los interminables esfuerzos, habían despedazado la caravana pero sin lograr disminuir en un ápice la fuerza espiritual que la guiaba.

Muchos habían quedado en el camino, especialmente los hombres habían jalonado la ruta con sus cadáveres; pero ahí estaban por fin, frente a un nuevo mundo por construir".[16]

Algunos días después de su arribo, los pioneros trazaron los planos de la Ciudad del Gran Lago Salado, llamada así por el gran lago salino que dominaba el desierto hacia el oeste. A partir del centro de la ciudad, en la actual Manzana del Templo, se diseñaron manzanas de diez acres separadas por calles de 132 pies de ancho, lo bastante amplias para que una yunta de cuatro bueyes y un carro cubierto pudieran girar.

              La promesa de suficientes cosechas para 1848 trajo más emigrantes al valle. Pero una tardía helada, una sequía, y una plaga de langostas casi destruyeron las cosechas. Bandadas de gaviotas consumieron las langostas, y una gran parte de la cosecha fue salvada como para permitir que los colonos sobrevivieran al invierno de 1848-49. En agradecimiento, la gaviota fue designada posteriormente como el pájaro oficial del estado y un monumento a ella se alza en la Manzana del Templo justo al frente del Assembly Hall.

              Muchos de los pioneros eran conversos europeos al Mormonismo. Durante la década que siguió, ellos trajeron su cultura, idiomas y destrezas para convertir a Salt Lake City en un centro cosmopolita.

              Cuando los mormones llegaron por primera vez al valle, la región era parte de México. Un tratado firmado en 1848 la cedió a los Estados Unidos, y en 1850, el “Estado de Deseret” llegó a ser el Territorio de Utah. (Deseret significa abeja obrera, un símbolo de industriosidad; Utah fue llamado así por la tribu de los indios Utes que habitaban esa región montañosa).

La construcción del Templo de Salt Lake comenzó en 1853, pero la piedra de coronación de esta magnífica estructura no fue colocada hasta 1892. Las obras fueron interrumpidas en 1857, cuando las tropas federales marcharon hacia el valle durante la Guerra de Utah. El templo fue construido con bloques de granito que, antes de la llegada del ramal ferroviario hasta el cañón Cottonwood, debían ser transportados individualmente en carromatos tirados por bueyes desde el cañón hasta el sitio de construcción.

La fiebre del oro de California llevó a numerosos emigrantes a pasar por la Ciudad del Gran Lago Salado. Soldados fueron estacionados allí durante la década de 1850 y la Guerra Civil. El comercio generado por estas estadías trajo a los mormones un grado de prosperidad, aún cuando la agricultura continuó siendo el pilar principal.

En 1869 se completó el ferrocarril transcontinental mediante la unión de las líneas en la Cumbre de Promontory, cerca de Ogden, unas cuarenta millas al norte de Salt Lake City, ceremonia simbolizada por el célebre Clavo de Oro. Utah quedó así conectado con el Este y el Oeste. Muchas personas viajaron por ferrocarril para conocer la “Ciudad de los Santos”; algunas permanecieron allí y buscaron hacer fortuna en la minería. Entre las décadas de 1860 y 1920 se abrieron cientos de minas de cobre y plata en los cañones cercanos, incluida la mina del Cañón de Bingham. Posteriormente se construyeron grandes fundiciones para refinar el mineral, y algunos propietarios mineros levantaron elegantes residencias a lo largo de la calle Templo Sur, conocida también como calle Brigham.

La siguiente es la descripción que hizo don Pedro del Río de la Ciudad del Lago Salado y sus alrededores:

“La ciudad del Lago Salado, capital del territorio del Utah, se encuentra admirablemente situada en medio de un grande y feracísimo valle, teniendo el gran lago a corta distancia, y rodeada a lo lejos y por todos lados de altas cordilleras y picos coronados de perpetua nieve.

Las calles son hermosísimas, de cuarenta y cinco metros de ancho y las veredas de diez, bordeadas de repletas acequias de agua que riegan frondosos árboles; cada manzana tiene cerca de dos cuadras, de manera que los sitios son dobles, con jardines, arboledas y hortalizas, por lo que en conjunto más parecen casas-quintas.

   “Se divide en numerosos distritos, habiendo en cada uno de ellos una espaciosa plaza. Las casas son buenas, aseadas y de un piso, generalmente con varias puertas o entradas para las diversas esposas con sus familias. En un costado de la ciudad se hallan dos extensiones grandes de terreno amurallado y en la calle que media entre ambas a la entrada, una enorme águila de piedra con alas desplegadas, como protegiendo a los hijos del desierto en sus novísimas doctrinas”

 

La posición geográfica de la Ciudad del Lago Salado es similar a la de Santiago de Chile, con sus montañas nevadas y el valle a sus pies. La fotografía incluida en el libro que relata los viajes de don Pedro del Río Zañartu, publicado en 1902, constituye un fiel reflejo de lo expresado:

 

Estados Unidos. –Ciudad del Lago Salado

 

El diezmo y el almacenamiento de grano


Don Pedro del Río, en sus memorias de viaje, habla también de “bodegas y depósitos de granos”, que reflejan la laboriosidad de los Santos y la costumbre de mantener reservas alimenticias para tiempos de escasez y para ir en socorro de los más necesitados. Asimismo, relaciona esta práctica con la fidelidad en el pago de los diezmos.

   “En uno de estos terrenos están las bodegas y depósitos de granos, etc., donde guardan el diez por ciento de los productos que los fieles pagan a la Iglesia, y aunque esto es voluntario, lo entregan casi todos”.

El almacenamiento de grano entre los Santos de los Últimos Días recibió un impulso especial durante la presidencia de Brigham Young en 1876, cuando se encomendó a las mujeres de la Iglesia una misión particular en esta labor.

   “Por varios años los hermanos habían sido aconsejados para ahorrar y almacenar grano para los días de necesidad. Se les había dicho a ellos que en esta región aislada el grano era de más trascendencia aún que el oro y la plata. Pero cada año ellos habían dejado el asunto de lado, sin duda sintiendo la necesidad en este nuevo país en desarrollo de cualquier dinero que pudieran conseguir por la venta de excedentes de granos y otros productos.

   “A fines de septiembre de 1876, el Presidente Young envió por la Sra. Emmeline B. Wells para que viniera a su oficina ya que él tenía algo de importancia para tratar con ella. Cuando ella llegó le dijo que deseaba que las mujeres de Sión reunieran y almacenaran grano para los tiempos de necesidad o hambre, y que él deseaba que ella se involucrara en el movimiento. Él le habló de sequía, fracasos en las cosechas y las cuotas que a menudo eran tomadas por los saltamontes, y enfatizó el hecho de que el trigo debía ser mantenido como una reserva y en constante protección”[17]

La hermana Wells fue editora asociada de El Exponente de la Mujer y escribió una serie de artículos para animar a las mujeres de la Iglesia a colaborar en la recolección de trigo para su almacenamiento. Las mujeres de distintas localidades cooperaron en este gran esfuerzo.

   La hermana Wells llegó a ser la quinta presidenta general de la Sociedad de Socorro, y ella consideró su asignación para guiar a las hermanas en el almacenamiento de trigo como una de las más importantes tareas en su vida.

Durante 1877, las mujeres de la Iglesia fueron responsables de reunir 10.465 medidas de trigo de aproximadamente 35,2 litros cada una. Para fines del año siguiente habían reunido más de 25.000 medidas para ser almacenadas”.[18]

 

Casas y edificios de la ciudad

Tan solo tres años después del inicio de la gran tarea de recolección de trigo llegó don Pedro a Salt Lake City; de allí su mención a las bodegas y al almacenamiento de grano. Luego, en su relato, pasó a mencionar edificios que también visitamos por primera vez en 1986, como la Casa del León, hoy convertida en restaurante, donde en más de una ocasión fuimos a comer, y la Casa de la Colmena, actualmente museo que recrea la vida en aquel histórico hogar y que también tuvimos la oportunidad de visitar.

              Dice don Pedro:

“También existen otros extensos edificios de alto como el del León, de la Abeja, etc.; donde Brigham Young guardaba sus veinte o más mujeres, y donde aún viven algunas de sus viudas y familias; y al lado hay una hermosa casa-quinta, el “Palacio de Amelia”, que le regaló a su esposa favorita. En el otro local, al frente, una preciosa capilla o templo de piedra tallada con varias torres y capacidad para cuatro mil personas; el interior es bonito y entre sus numerosas pinturas se ven seis grandes cuadros de los que ya han construido en otros pueblos del interior.[19]

 

La Casa Gardo, también conocida como Palacio de Amelia, fue considerada una de las residencias más hermosas entre Chicago y la costa Oeste.

Vista de la Casa Gardo desde el noreste, en la década de 1870, aún en construcción. Se observan andamios en la torre y ventanas sin marcos. La cerca de madera fue reemplazada más tarde por una de hierro forjado.

La casa tuvo sus comienzos durante los últimos años de vida de Brigham Young, presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, quien percibió la necesidad de contar con un lugar donde pudiera recibir visitas oficiales y atender a dignatarios que viajaban grandes distancias para verlo. Seleccionó un sitio en la esquina inmediatamente al sur de la Casa de la Colmena y comenzó su construcción en 1873.

 

 

                   Palacio de Amelia, Salt Lake City, Utah.

 

 

 

 

 

 

 

                                                    La Casa de la Colmena

 

Se ha señalado que una de las motivaciones que llevaron a don Pedro del Río Zañartu a Lago Salado fue la práctica de la poligamia entre sus habitantes. Da testimonio de ese interés el párrafo anterior, en el cual también se describe otro edificio importante de la Manzana del Templo: el Salón de Asambleas.

 

                            El autor frente al Salón de Asambleas y al Monumento a la Gaviota.

  

Don Pedro confunde el Salón de Asambleas con un templo, pero en realidad este era un centro de reuniones. El verdadero templo —el que hoy se conoce en todo el mundo como el Templo de Lago Salado y constituye un símbolo del mormonismo— se encontraba entonces en sus etapas finales de construcción, tal como lo refleja la fotografía de 1893 incluida más abajo, tomada trece años después de la visita de don Pedro.

 

                                               Templo de Lago Salado, 1893.

 

“Confieso que visité este templo (el Salón de Asambleas) lleno de curiosidad y tan pronto como vi entrar a los fieles, me confundí con ellos. Fue llenándose hasta contener una concurrencia enorme: mientras tanto tuve ocasión de observar y conversar con algunos tipos que me llamaron la atención; por último, tomé un excelente asiento cerca de las altas dignidades, desde donde vi y oí todo. Principió la ceremonia a la una de la tarde y concluyó a las cuatro. Esta numerosa concurrencia se componía, como es natural, de los principales vecinos y sus lujosas señoras con ricos atuendos, y de gente llana, pero también decentemente vestida. Lo que más me sorprendió fue no hallar en la mayor parte de los semblantes el aire o expresión de hipocresía que esperaba, sino de convicción y fe. Es verdad que en la gente más baja noté mucha variedad de tipos y nacionalidades, y una buena parte con fisonomías y expresiones estúpidas. La atención, orden y silencio que reinó fue admirable.

A cada lado del órgano había algunos violines y otros instrumentos que formaban la orquesta y treinta niñas jóvenes y otros tantos hombres que cantaban los sagrados himnos, siendo el conjunto bastante agradable.

Luego don Pedro pasa a describir la reunión  misma a la cual asistió y a las autoridades presentes, mencionando al Presidente John Taylor, y a su consejero el élder George Q. Cannon. También señala la participación de los presentes de la Santa Cena, con la cual renuevan los Santos cada domingo los convenios que hicieron al bautizarse en la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

 

                 “En la primera plataforma estaban el presidente Thaylor y dos de los Santos más venerables; en la segunda seis obispos, todos ancianos de barba larga y blanca; en la tercera, otros seis obispos de menos edad; en la cuarta o piso, los seis más jóvenes y el resto del clero sentado al frente de una larga mesa. Sobre esta había en línea doce vasos, seis grandes jarros y seis canastos; todo de plata hermosamente cincelada y a los lados dos grandes candelabros de plaqué. Primero entonaron himnos y enseguida el Presidente recitó una oración, a la que los obispos contestaron, Amén.  Después los seis de más abajo cortaron pan fresco en pequeños trozos, llenaron los canastos y los pasaron a los fieles de lo cual todos participaron, y se llenaron los vasos de agua, bebiendo cada uno un sorbo; cuando llegó mi turno, lo pasé a los vecinos, por no parecerme propio tomar yo nada; me miraron con extrañeza, pero nada dijeron. Un obispo tomo la palabra para decir que venía a dar cuenta a sus hermanos y hermanas de la comisión que le habían encomendado hacia dos años para convertir y traer prosélitos de todo el mundo a la ciudad Santa; se extendió mucho dando datos interesantes sobre los trabajos de propaganda de los trescientos misioneros que tienen repartido con este objeto.

                 En seguida, después de varios himnos, tomó la palabra uno de los Santos, el reverendo Cannon, que se hallaba al lado del Presidente, hombre vigoroso aún, de buena presencia, expresándose por más de una hora con palabra fácil, convencida y elocuente. Ha sido elegido este año por Utah para el Senado de Estados Unidos. Se extendió sobre las Escrituras, las revelaciones de Smith, los milagros, la fe, etc.

 

 

Presidencia de la Iglesia

 

Sin duda que para quienes visitan la ciudad de Lago Salado, la atracción principal lo constituye el famoso templo de Lago Salado, el cual aún cuando por aquellos días no estaba terminado no dejó de impresionar a nuestro chileno viajero:


“El gran templo de Sión no está aún terminado, es muy grande e imponente, de sólido granito vetado con negro; hace veintisiete años que se construye y costará diez millones de dólares, había centenares de artesanos canteando piedra y ocupados en levantar las elevadas torres. En una entrada se lee esta inscripción: ‘Santidad al Señor de los Santos de los Últimos Días’; y en otra: ‘Alfa y Omega’”.

 

 

 1882

 

 

Hasta nuestros días no deja de llamar la atención del viajero otro singular edificio que se encuentra al lado del Templo de Lago Salado y que se llama el “Tabernáculo”, pero dejemos que sea don Pedro quien nos lo describa:

 

   “De los templos ya terminados, encontramos muy interesante el gran Tabernáculo, de forma muy original y rara, como de un medio huevo invertido, descansando sobre cuarenta y seis pilastras de piedra, dejando entre estas enormes puertas para la ventilación y escape en caso de incendio. El interior, con capacidad para quince mil personas, tiene la misma forma, pero ninguna  columna; el piso está ocupado por bancos de madera y una amplia galería alrededor.  Por efecto de su forma y falta de columnas sus propiedades acústicas  son sorprendentes. Tanto es esto, que se dejó caer un alfiler sobre una mesa de madera en un extremo del salón, sintiéndose casi el imperceptible ruido en el otro.

Al frente tiene un órgano monstruo y de ricas voces, trabajado por ellos mismos, y en el fondo, pintados un gran ojo y una colmena. Al lado del órgano, el local para la orquesta, más abajo tres plataformas seguidas por las distintas categorías, y al nivel del piso una larga mesa, con el fin ya citado en la otra de que me ocupé antes.

 

 

El Tabernáculo, (grabado Le Tour du Monde, 1874)

 

La reunión dominical observada por don Pedro

 

              El hecho de que don Pedro del Río haya asistido a las reuniones dominicales de la Iglesia queda claramente de manifiesto en el siguiente comentario, donde además señala una breve conversación y una descripción del presidente John Taylor:

 

“Conseguí visitar una Escuela Dominical, donde me recibieron muy bien y tuve una agradable conversación con el profesor, quien me proporcionó datos y varios libros, cuadernos y cartillas. Muy interesante me pareció un gran almacén llamado ‘Almacén Cooperativo’, donde hacen sus compras los mormones, pues casi todos tienen acciones y se dividen las utilidades. Hablaba con el superintendente y le pedía detalles, cuando entró el presidente M. Taylor, con quien charlé largo, contestándole preguntas sobre mi país; es un caballero amable, bastante anciano, de pelo y barba blanca y llevaba una larga capa española, la única que he visto desde que salí de Chile.

Es fácil abordar a estos magnates mormones, pues son atentos y condescendientes con los extranjeros”.

 

Con respecto al “Almacén Cooperativo” que llamó la atención de don Pedro, este formaba parte de un sistema económico instituido por el presidente Brigham Young para los Santos:

 

“En 1868 el presidente Young estableció un sistema económico conocido como Institución Mercantil Cooperativa de Sion. El propósito de ZCMI, como fue popularmente conocida, fue llevar bienes al territorio, venderlos al menor precio posible y ‘dejar que los beneficios se dividieran finalmente entre la gente’”.[20]

 

 

Edificio del Almacén Cooperativo de Salt Lake City.

 

Además, a los directores se les dio poder para fijar precios minoristas uniformes, los cuales serían aplicados por todos los establecimientos cooperativos. Tales precios debían ser “razonables” y tender “a la satisfacción y beneficio tanto de los comerciantes como de la gente en general”. El propósito de estos precios uniformes no era impedir la competencia, sino contener los precios exorbitantes. La primera lista de precios de este tipo fue adoptada en el invierno de 1869, “con el entendimiento de que al superintendente de ZCMI le será permitido cambiarlos de acuerdo con las circunstancias”. Con el tiempo, ZCMI tuvo sus propias fábricas de botas, zapatos, overoles, chaquetas, chalecos, camisas, camisetas y ropa interior para hombres.[21][22][23]

Dentro de las seis semanas de la apertura de la institución en Salt Lake City, 81 negocios cooperativos a través del territorio estaban en operación…Estas tiendas manejaron casi todos los negocios de los Santos de los Últimos Días.[24]

 

 

 

Lago Salado – Templos Mormones.

 

Imagen incluida en el texto de don Pedro del Río Zañartu. Al extremo izquierdo se aprecia el Salón de Asambleas (centro de reuniones); al centro, el Tabernáculo, de construcción ovalada; y a la derecha, el Templo de Salt Lake ya terminado.


El Exponente de la Mujer, la mujer mormona y la poligamia

 

 

Una escena doméstica de la mujer mormona publicada en el libro de don

Pedro del Río Zañartu.



Me dirigí a “El Exponente de la Mujer”, periódico publicado por mujeres mormonas, donde me recibieron en su despacho u oficina dos señoras; una de ellas era una de las seis esposas del primer Santo, el Sr. Wells.[25]

Sería muy largo referir nuestra conversación, pero recuerdo que diciéndole yo que realmente me extrañaba que las esposas se avinieran con la poligamia, me contestó con admirable franqueza: “Confieso que es un sacrificio inmenso para nosotras pero lo hacemos con buena voluntad para cumplir con lo ordenado por Dios o nuestro profeta Smith”.[26]

 

A propósito de esto, me contaba un compañero de viaje, después de haber sido invitado a comer con una familia mormona muy respetable, que se componía del caballero, cuatro esposas, quince hijos de ambos sexos, de los cuales había dos niñas muy lindas, que había notado con sorpresa en el hogar, no solamente cultura, sino también armonía.

La Orden de Enoc

Existe una original orden que estableció Brigham Young, de “Enoc”, para los que trabajan para la comunidad, por lo que no pueden tener bienes propios, pero en cambio, entre otros privilegios, son considerados como la aristocracia, amén de otras gangas en la otra vida.

Creencias mormonas

Los mormones creen en Dios, su hijo Jesucristo, en el Espíritu Santo; en la misma organización que existió en la Iglesia primitiva, es decir, apóstoles, profetas, maestros, evangelistas, etc.; que la Biblia es la palabra de Dios, siendo esta traducida correctamente, que también el Libro de Mormón es la palabra de Dios; en la reunión de los hijos de Israel y de las diez tribus; que Sión se trabajara en este continente, que Dios reinará personalmente en este mundo, y finalmente en las revelaciones del ángel al profeta Mártir Smith y otros que vendrán después.

Esto es lo principal. ¿Qué creerás? Me imagino que, así como la mayoría tendrá de buena fe estas convicciones, habrá también numerosos farsantes que van solo tras el gusto o el negocio.

 

Algo más tarde, y escrito lo que precede, recibidas del señor James Duyler, Superintendente de escuelas de la ciudad de “Lago Salado”, varias cartillas en hojas impresas que reparten a los niños. Por lo que se ve, en cuanto a la moral, se parece la de los mormones a las demás sectas. Por ejemplo, en las reglas para una buena vida, dice: amar a Dios con amor filial; al hombre con amor fraternal, conservar vuestros cuerpos y ropas limpias, y en orden todo lo que nos rodea, no cometer excesos en comida, bebidas u otros gustos o placeres.


En la “Lección sobre recompensas”:

¿Cuál será nuestra recompensa si tenemos buenas costumbres cuando niños?

Llegar a ser más tarde buenos hombres y mujeres.

¿Qué obtendremos si somos sabios en comer, beber y dormir?

Ser robustos, activos, de buen genio, vivir mucho y ser útiles a nuestros semejantes.

“Sobre el Espíritu Santo”

¿Qué decimos de las personas que están poseídas del Espíritu Santo?

Que están inspiradas.

¿Puede nombrar algunas de esas personas inspiradas?


Sí, Moisés que dio los Diez Mandamientos; David, que cantó los cantos de Sión o salmos de David; Jesús que predicó en el monte; Pablo que escribió sobre la caridad; José Smith, el profeta que organizó la Iglesia de Jesucristo de los Últimos Días; y, últimamente, en los Artículos de Fe

Los Artículos de Fe

Creemos en Dios, el Padre Eterno, su hijo Jesús, y el Espíritu Santo.

Creemos que seremos castigados por nuestras propias faltas, y no por el pecado de Adán.

En la misma organización que tuvo la primera Iglesia, como apóstoles, maestros, evangelistas y profetas. En el don de hablar e interpretar todos los idiomas, de revelaciones, visiones, curaciones, milagros y profecías.

En que la Biblia es la palabra de Dios (bien interpretada), también en que el Libro de Mormón es así como la palabra de Dios. En la reunión de las Diez Tribus de Israel; que Sión será construida sobre este nuevo continente, y que Dios reinará personalmente en la tierra.

Adoramos a Dios Todopoderoso, según los dictados de nuestra conciencia, y permitimos a los demás la religión o creencia que más les agrade.

Creemos en que debemos respetar los Presidentes, Reyes y Legisladores, acatando y sosteniendo las leyes que de ellos emanan – (Firmado) José Smith.


El gran Lago Salado es hermosísimo. Tiene setenta y cinco millas de largo y treinta de ancho.

Se vacían en él muchos ríos, pero no tienen salida, se halla a más de cuatro mil pies sobre el nivel del mar. El agua es tan salada y pesada que se nada con medio cuerpo de fuera, su sabor es pésimo.


Adiós a la Ciudad del Lago Salado


Nunca olvidaré la puesta del sol que aquí presencié: ocultábase en el inmenso lago, dejando reflejos espléndidos, y del otro lado, tras la nevada cordillera, aparecía la luna en toda su magnificencia y grandeza.

En tren a Ogden, pasando por Corinne y Promontory

Fue por Ogden que don Pedro del Río se aproximó en tren a la Ciudad del Lago Salado, en el territorio de Utah, exactamente 116 años antes de que mi esposa Soledad y yo lo hiciéramos por avión. La nuestra fue una primera visita a esta ciudad anterior a que yo leyera su mención en el libro de don Pedro del Río Zañartu, obra que pude consultar algunos años después en la Biblioteca Nacional de Chile. Cuando, en octubre de 1986, me paré frente al Templo de Ogden, pensé en mi primer compañero de misión en Chile, el élder David Langford, de quien solo sabía que había regresado a Ogden al terminar su misión en 1974.

El primer pueblo que pasamos fue Corinne, el segundo pueblo en importancia del territorio Utah, mormón, con un buen templo perteneciente a esta secta, tiene vida por las muchas y excelentes minas que hay al interior en “Idaho” y “Montaña”. Pp. 167-177.

Apenas habíamos dejado a nuestras espaldas el Lago Salado, llegamos al Promontorio, sitio agreste donde se unieron las dos grandes líneas de San Francisco y Nueva York, cuyos últimos durmientes fueron remachados con clavos de plata y oro macizo en medio de un regocijo que se comprende. P. 17

Don Pedro muere en mayo de 1918




[1] Carlos Oliver S., confirmando la interpretación del padre Rosales, señala que Gualpén, o como fonéticamente sería más correcto, Guallpen, significa “mirar alrededor” en lengua mapuche; y agrega que un vocablo parecido, “Hualpén”, significa centinela (Libro de Oro de la Historia de Concepción , obra citada, p. 461). Mariano José Campos Menchaca, S.J., coincide con estas interpretaciones, añadiendo: “Mirar alrededor, ésos son, en realidad, los cerros de Hualpén, un mirador hacia Concepción, hacia la vega de Talcahuano y hacia la desembocadura del Bío Bío” (Nahuelbuta, Editorial Francisco de Aguirre S.A., Santiago, 1972, pp. 530 y 531). En el mismo sentido, cfr., Recard Novión, Alberto, El Laja, un río creador, Editorial Jerónimo de Vivar, Santiago, 1971, p. 316. Carter p. 64.

[2] Cartes p. 83.

[3] Armando Cartes Montory. Pedro del Río Zañartu, Patriota, Filántropo y Viajero Universal. Editora Aníbal Pinto S.A. 1992. P. 8.

[4] Cartes p. 87.

[5] Cartes p. 50. Oliver S., Carlos, obra citada p. 346.

[6] Cartes p. 51. Del Río Z., Pedro. Tercer viaje en torno al mundo. Litografía e Imprenta Soulodre, Concepción 1912, Tomo II, p. 172.

[7] Cartes p. 52 Vicuña M., Benjamín, prólogo a la obra de don Pedro del Río Z., Viajes en torno al mundo por un chileno. Imprenta Cervantes, Santiago, 1883, Tomo I, p. x.

[8] Cartes pp. 91, 97.

[9] Cartes p. 121. Vicuña Mackenna, Benjamín, prólogo citado, pp. XV y XVI.

[10] Cartes p. 121. Vicuña M., Benjamín. “La mitad de un viaje alrededor del mundo”, en El Mercurio de Valparaíso, diciembre de 1882, (sin fecha de día). Archivo del Museo de Hualpén.

[11] Cartes p. 141 Del Río Z. Pedro. Viaje en torno al mundo por un chileno, Tomo I, pp. 11 y 12.

[12] Ibídem, Tomo 1 p. 13.

[13] Ibídem, Tomo p. 154.

[14] Cartes pp. 141-42.

[15] Leonard J. Arrington y Davis Bitton, The Mormon Experience: A History of the Latter-day Saints [La experiencia mormona: una historia de los Santos de los Últimos Días], University of Illinois Press, 1992, p. 117.

[16] Arturo Aldunate Phillips, Estados Unidos, Gran Aventura del Hombre. Editorial Nascimento. Santiago, Chile. 1943. pp. 157-58.

 

[17] Deseret News, 7 sept. 1940, p.1.

[18] Glen L. Rudd, Pure Religion: The History of Church Welfare since 1930 [Religión pura: historia del bienestar de la Iglesia desde 1930], Salt Lake City, Utah, 1995, pp. 84-85.

[19] Susa Young Gates, “The Gardo House” [“La Casa Gardo”], Improvement Era 20 (1917): 1099-1103; Journal History of The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints [Historia diaria de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días], 2 de septiembre de 1873 (microfilme, Departamento Histórico de la Iglesia SUD, Salt Lake City); Clarissa Young Spencer y Mabel Harmer, Brigham Young at Home [Brigham Young en el hogar] (Salt Lake City: Deseret Book, 1972), pp. 219-221. Otros relatos señalan que la casa fue llamada “Gardo” porque parecía vigilar la ciudad. La Casa de la Colmena era una residencia para las esposas de Young, al igual que la contigua Casa del León.

[20] Brigham Young, en ZCMI First Record Book [Primer libro de registros de ZCMI], Minute Book A [Libro de actas A], p. 17, citado en Arden Beal Olsen, “The History of Mormon Mercantile Cooperation in Utah” [“Historia de la cooperación mercantil mormona en Utah”], tesis doctoral, University of California, 1935, p. 80.

[21] First Record Book [Primer libro de registros], p. 19, citado en Olsen, “History of Mormon Mercantile Cooperation” [“Historia de la cooperación mercantil mormona”], p. 81.

[22] Olsen, “History of Mormon Mercantile Cooperation” [“Historia de la cooperación mercantil mormona”], p. 93.

[23] Ver Arrington, Great Basin Kingdom [El reino de la Gran Cuenca], pp. 308-309.

[24] Church History in the Fulness of Times [Historia de la Iglesia en el cumplimiento de los tiempos], Religión 341-43, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, Salt Lake City, Utah, 1992, p. 397.

[25] El Woman’s Exponent [El Exponente de la Mujer] (1872-1914) fue la primera publicación perteneciente a mujeres Santos de los Últimos Días y publicada por ellas. Aparecía dos veces al mes y, en sus últimos años, mensualmente. Durante sus cuarenta y dos años de publicación, Louisa Lula Greene (1872-1877) y Emmeline B. Wells (1877-1914) sirvieron como editoras.

[26] Leal a la Iglesia y a sus líderes, El Exponente de la Mujer publicaba con frecuencia editoriales en defensa de la práctica de la poligamia.

“Algo Muy Bueno”

 

 

 

LOS MORMONES

 

¿Quiénes eran, de donde habían salido esos hombres

de los que tanto se habla y tan poco se sabe?

 

Estados Unidos, Gran Aventura del Hombre

Arturo Aldunate Phillips,

escritor chileno.

1942

 

 

 

                                    “Algo Muy Bueno”

 


 

Sé que muchos también hoy día se preguntan por el origen de la palabra “Mormón” y porque a los miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días se les llama mormones, así que para responder a esta pregunta y atendiendo al significado de la palabra “mormón” me remitiré a lo que el propio profeta José Smith escribiera sobre el tema:

“…yo puedo decir, sin temor, que la palabra “Mormón” existe independientemente de la erudición y sabiduría de esta generación. Sin embargo, antes de dar una definición de la palabra permítaseme decir que la Biblia, en su significado más extenso, quiere decir bueno; porque el Salvador dice, según el evangelio de S. Juan, “Yo soy el buen pastor”; y no es perogrullada decir que la palabra “bueno” es de las más importantes que se usan, y aunque se conoce por varios nombres en los diferentes idiomas, su significado no cambia, y siempre es lo opuesto de “malo”. En el sajón (inglés) se dice “good”; en danés, “god”; en godo “goda”; en alemán, “gut”; en holandés, “goed”; en latín, “bonus”; en griego, “kalos “; en hebreo, “tob”; y en egipcio, “mon”. De modo que añadiéndole la contracción “mor”, tenemos la palabra “mormón”, que significa literalmente “muy bueno”.1

 

Y ahora como estamos iniciando este estudio de la historia de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días o “mormona” como mayormente se le llama o se le conoce en Chile y su relación con nuestro país, permítaseme decir que el nombre del país de Chile también desde sus orígenes ha tenido la connotación de ser “lo mejor de una cosa” y podemos decir basándonos tan solo en este elemento básico de raíz etimológica  que el encuentro histórico entre “mormones” y “chilenos” fue en realidad  “algo muy bueno” para el progreso de la vida espiritual de nuestra nación.

Ya en mi niñez aprendí sobre el origen del nombre de Chile y había varias teorías que trataban de explicarlo, siendo algunas de ellas las siguientes:

 

“el nombre de Chile con que los aborígenes designaban a nuestro territorio existió desde tiempos muy antiguos. Fue transmitido por los indios peruanos a los conquistadores españoles” y sobre el origen de este vocablo hay dos hipótesis. La más fundamentada es que se deba a la palabra Tchili, del antiguo idioma quichua, que significa frío o nieve, nombre con que los indios designaron el río y el valle de Aconcagua. Ellos llamaban a la región Chili-mapu (tierra de Chile) y al mismo tiempo su idioma era el Chili-dugu (lengua de Chile).”[2]

 

La otra hipótesis sugería la posibilidad de que el nombre de nuestro país proviniera del grito de las aves llamadas hoy triles, muy comunes entonces, que durante su vuelo repiten: “chi-lí, chi-lí”.

 

Los estudiosos también han asociado el nombre de Chile con el nombre de un cacique del valle de Aconcagua llamado Chili o Tili que dio su nombre a ese fértil valle desde tiempo inmemorial, sin embargo muy poco se ha citado el hecho de que el nombre de Chile está asociado también desde tiempos inmemoriales con el significado de ser “lo mejor de una cosa” y para corroborar ello me referiré al texto,Chile-sus aborígenes y origen de su nombrede don José Toribio Medina quien en parte de su ensayo escribió:

 

“Cuando el inca Viracocha, allá por los comienzos del siglo XV, visitaba los territorios de Tarapacá que sus generales acababan de incorporar por la fuerza de las armas a su real corona, presentáronse en su campamento ciertos embajadores tucmas, y le hablaron así: “Te hacemos saber que lejos de nuestra tierra, entre el sur y el poniente, está un gran reino llamado Chili, poblado de muchas gentes, con los cuales no tenemos comercio alguno, por una gran cordillera de sierra nevada que hay entre ellos y nosotros; más, la relación tenemos de nuestros padres y abuelos. Y pareciónos dártela para que hagas por bien de conquistar aquella tierra”[3]

 

Citando por otro lado al historiador Diego Rosales, él escribió que: “debemos, pues, deducir…que Chili es un vocablo que puede atribuirse propiamente al idioma quichua, y cuyo significado verdadero, “lo mejor de una cosa”, explica perfectamente la frecuencia con que ha sido empleado tratándose de lugares, así como se explica que llegara a nosotros por la conquista de los incas. Por tanto concluye Rosales,“no tiene nada de extraño que las huestes peruanas que arribaron al valle de Aconcagua después de haber atravesado regiones más o menos estériles, admiradas de su fertilidad y hermosura, lo llamasen Chili.”[4]

 También don Vicente Carvallo y Goyeneche escribió que: “el río Aconcagua, que fertiliza los valles de sus riberas hasta su desembocadura en el mar, de tiempo inmemorial se llama Chili, y dio su denominación a la llanura de Quillota, de donde se llevaban a la ciudad del Cuzco gruesas cantidades de oro, que generalmente se decían iban de Chili, y a mi ver, de este principio vino que los españoles diesen este nombre a todo el país, mudando la i en e”.[5]

Habiendo tratado brevemente acerca de los orígenes y significado de los nombres de “Mormón” y “Chile” a manera de introducción en este trabajo, y en su connotación de ser “muy bueno” por un lado y “lo mejor de una cosa” por el otro, podemos decir sin temor a equivocarnos que el encuentro entre chilenos y mormones fue algo muy bueno, lo cual se ha visto manifestado en los frutos de la Iglesia y de sus miembros tras 50 años establecida en nuestro territorio. Pasaremos ahora a analizar los antecedentes que dan cuenta de la restauración del evangelio de Jesucristo y de su historia como sinónimos también de “buenas nuevas” para los habitantes de esta larga, estrecha y hermosa geografía chilena.

 

Rodolfo A. Acevedo A.

Santiago, Chile.

 

 

 

 



 

 

 



1 José Smith, Enseñanzas del Profeta José Smith. Publicado por la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Salt Lake City, Utah. 1954 p. 364-66.

[2] José Toribio Medina, Ensayos, Chile.- Sus Aborígenes y Origen de su Nombre. Ed. Del Pacífico, Santiago, Chile, 1952. p.40. Ver también de Manuel Torres Marín, El Nombre de Chile y otros ensayos, Ed. Andrés Bello, Santiago, Chile, 1988. pp. 9-18.

[3] .  Gracilazo de la Vega, Comentarios Reales de los Incas, citado pro José Toribio Medina, Ensayos. op.cit. p. 33.

[4] Medina, op. cit. pp. 39-40.

[5] Medina, op. cit. p. 41.

CHILE “LO MEJOR DE UNA COSA”

 

CHILE “LO MEJOR DE UNA COSA”

 

Páginas Locales. Liahona, septiembre de 1990.

 

            El nombre de Chile guarda entre sus letras el nombre del Patriarca Lehi, y para sus descendientes que habitaron sus tierras, al momento de la llegada del conquistador español, su nombre significaba “Lo mejor de una cosa”.

            El propio conquistador español don Pedro de Valdivia escribió sobre las bondades de esta tierra en una carta que dirigiera al emperador Carlos V y cuyo texto es el siguiente:

 

            “Y para que haga saber a los mercaderes y gentes que se quisieren venir a avecindar, que vengan, porque esta tierra es tal que para poder vivir en ella y perpetuarse no la hay mejor en el mundo; dígolo porque es muy llana, sanísima, de mucho contento, tiene cuatro meses de invierno no más, que en ellos, si no es cuando hace cuarto de luna, que llueve un día a dos, todos los demás hacen tan lindos soles, que no hay para qué llegarse al fuego. El verano es tan templado y corren tan deleitosos aires, que todo el día se puede el hombre andar al sol, que no le es importuno. Es la más abundante de pastos y sementeras, y para darse todo género de ganado y plantas que se puede pintar, mucha y muy linda madera para hacer casas, infinidad otra de leña para el servicio de ellas, y las minas riquísimas de oro, y toda la tierra está llena de ello, y donde quiera que quisieren sacarlo allí hallarán en que sembrar y con que edificar y agua, leña y yerba para sus ganados, que parece lo creo Dios a posta para poderlo tener todo a la mano”.[1]

            Estas palabras de Valdivia nos hacen evocar otras palabras inspiradas escritas por el profeta Nefi casi dos mil años antes, en las que se refirió a la tierra prometida en la cual fueron bendecidos con abundancia, con suelos fértiles para sus semillas, con animales de toda especie y toda clase de minerales.

            Ente los años 600 y 592 antes de Cristo el propio profeta Nefi registró otras palabras que relataban su visión del destino de América y por lo tanto de nuestro país, el cual se inserta en el destino de esta tierra escogida como un todo, y es con esta perspectiva histórica y espiritual que los Santos chilenos celebramos este año los 180 años de nuestra vida como nación independiente.

            De acuerdo con la visión de Nefi[2] el redescubrimiento de estas tierras americanas por parte de Cristóbal Colón llevaba en su seno la semilla de la futura liberación de estos pueblos del dominio monárquico de sus madres patrias (Inglaterra, Portugal y España), habiendo sido estos acontecimientos “preordinados en los concilios eternos” y sus actores, inspirados por el Espíritu Santo.

            Esta lucha por la libertad de las naciones americanas se dio primeramente en Norteamérica y posteriormente en forma simultánea en casi todos los países de Sudamérica a principios del siglo XIX, en cumplimiento de una profecía y como una preparación para los días en que el evangelio de nuestro Señor Jesucristo sería restaurado en la tierra, hecho maravilloso que comenzaría a gestarse en la primavera de 1820, cuando el joven campesino llamado José Smith vio a Dios Padre y al Hijo Jesucristo en una arboleda de Nueva York.

            Este es el significado espiritual y profundo de nuestro día patrio 18 de septiembre de 1810, año en que además de iniciarse la gestación de nuestra independencia política de España, se echarían las bases para nuestra futura independencia espiritual.

            Cada corazón Santo de los Últimos Días guarda este maravilloso conocimiento de la visión de Nefi y de que la Independencia de nuestro país fue un acto inspirado por Dios, y también el deseo de que este conocimiento llegue a cada corazón de nuestra patria en la esperanza, también profetizada, de que un día la Iglesia llegaría a ser la principal influencia espiritual en nuestro país[3].

 

 



[1] Cartas de Relación de la Conquista de Chile por Pedro de Valdivia.

[2] Libro de Mormón. Primer Nefi. Capítulo 13.

[3] Elder Bruce R. McConkie, Conferencia de Área, Santiago Chile 1977.

C.E.M. Una Experiencia Espiritual

 

 

C.E.M. Una Experiencia Espiritual

Por Rodolfo Acevedo.

Páginas Locales, Liahona Mayo de 1988.

 

1981. El AÑO EN QUE SE CREO EL CENTRO DE ENTRENAMIENTO MISIONAL EN CHILE.

 

            Muchas cosas importantes e interesantes para el progreso de la Iglesia en Chile sucedieron en el mes de julio de 1981. Entre ellas los inicios de los trabajos de la construcción del Templo de Santiago fue algo que nos emocionó.

            Ese mismo mes el élder Fernando Caballero asumía su función como Presidente de la Misión de Chile Osorno, convirtiéndose de esta manera en el primer líder de la Iglesia chileno que era llamado a tal posición.

            Mientras tanto en la nortina ciudad de Arica, ese mismo mes de julio, se bautizaba el miembro de la Iglesia N° 100.000 en Chile, después de 25 años de ardua y fructífera labor misional.

            Todo lo anterior no era sino una muestra de la fuerza y presencia que gradualmente la Iglesia había ido ganando en nuestro país. Presencia que se acrecentaría justamente al comenzar la década de los años ochenta cuando las autoridades de la Iglesia en Lago Salado anunciaron la construcción de un Templo en Chile.

 

 

SURGE LA NECESIDAD DE UN CENTRO DE ENTRENAMIENTO MISIONAL EN CHILE

 

            Los números cada vez más crecientes de misioneros chilenos, la necesidad de capacitarlos adecuadamente y la certeza de que pronto tendríamos un templo funcionando en nuestro país llevaron a las autoridades de la Iglesia a considerar la posibilidad de crear un Centro de Entrenamiento Misional en Chile.

Las gestiones con este propósito emprendidas por el Élder A. Delbert Palmer, quien es estos momentos servia como Representante Regional en Chile, tras servir como Director del Centro de Entrenamiento Misional en Sao Paulo, Brasil, tuvieron feliz resultado el día 13 de julio de 1981, dían en que se organizó el Centro de Entrenamiento Misional en Santiago de Chile.

 

 

LOS PRIMEROS DIAS DE VIDA DEL CENTRO DE ENTRENAMIENTO MISIONAL EN CHILE

 

            En sus comienzos el Centro de Entrenamiento Misional funcionó bajo la supervisión del Administrador Ejecutivo del Área, el Élder Gene R. Cook y la coordinación del Élder A. Delbert Palmer.

            Como Directores fueron llamados los hermanos Joseph Farnsworth y Hanna Launa Farnsworth, originarios de Tucson, Arizona, quienes al momento de recibir este llamamiento servían como misioneros de tiempo completo en la Misión de Chile Santiago Norte

            La misión de los hermanos Farnsworth al frente del Centro de Entrenamiento Misional sería breve ya que por razones médicas debieron de viajar de regreso a los Estados Unidos.

            Sin embargo a pesar de que pudieron brindar tan solo cuatro meses de su vida en esta hermosa posición no fueron pocos los jóvenes que se vieron tocados por su dedicación y amor por la obra.

 

 

 

            LOS FARNSWORTH DE MESA, ARIZONA. COMISIONADOS A SERVIR.

 

            Antes de que se llamara a los nuevos Directores del Centro de Entrenamiento Misional en reemplazo de los hermanos Farnsworth, otro matrimonio Farnsworth, los hermanos Joseph A. Farnsworth y su esposa Dorma Farnsworth de Mesa, Arizona, fueron comisionados paras servir como Consejeros o Directores interinos del Centro de Entrenamiento Misional.

            El hermano Joseph A. Farnsworth servía en esos momentos como Representante Regional en Chile y su nueva asignación como “Adviser” del C.E.M., la cumpliría desde diciembre de 1981 hasta julio de 1982, mes en que fue llamado un matrimonio chileno a servir como Directores del Centro de Entrenamiento Misional, los hermanos Guillermo Arredondo Albarrán y su esposa Juana Alfaro de Arredondo.

 

 

            UN MATRIMONIO CHILENO, LOS NUEVOS DIRECTORES DEL C.E.M.

 

            El Élder A. Delbert Palmer en una carta dirigida en septiembre de 1981 al Departamento Misional había sugerido la posibilidad de llamar un matrimonio chileno para servir como Directores del C.E.M., posibilidad que se hizo cierta justamente un año después de que comenzara sus funciones en Chile el Centro de Entrenamiento Misional.

            Fue con mucho gozo que los hermanos Arredondo iniciaron sus servicios en el C.E.M. aquel día 4 de julio de 1982, llamamiento este que cumplieron hasta fines de 1985, constituyéndose este tiempo para ellos en una experiencia rica en lo espiritual e inolvidable tras departir con miles de jóvenes tanto chilenos como extranjeros que comenzaban la maravillosa experiencia de su misión.

            Al C.E.M. de Chile vinieron a recibir capacitación jóvenes de Perú, Ecuador, Bolivia, Colombia y Argentina.

           

 

LAS INSTALACIONES FÍSICAS DEL C.E.M.

 

            Por un período relativamente largo de tiempo los misioneros recibieron instrucción de dedicados maestros en las antiguas salas de Educación Primaria del antiguo Colegio Deseret, cuyo edificio principal estaba siendo remodelado en esos momentos para convertirse en las futuras oficinas del Obispado Presidente.

            Este edificio en refacción no solo albergaría a las oficinas del Obispado Presidente con todos sus estamentos administrativos sino que también serviría de sede al Centro de Entrenamiento Misional, cuyas instalaciones serían inauguradas por el Élder Gene R. Cook el día 14 de enero de 1983, en el segundo piso del edificio, ubicadao en las cercanías del Templo de Santiago.   

 

 

EL OBISPO PAUL LLOYD Y SU ESPOSA GWENDOLYN

 

             A los hermanos Arrendondo les sucedió el matrimonio formado por los hermanos Paul Lloyd y su esposa, Gwendolyn Lloyd, originarios de Provo, Utah.

            El Presidente Lloyd había servido en su juventud una misión en Argentina y junto a su esposa había servido como presiente de la Misión Venezuela.

            La misión de los hermanos Lloyd como Directores del C.E.M. se extendió desde noviembre de 1985 hasta agosto de 1987, exresabdo el Presidente Lloyd al fin de su misión que de todas las oportunidades misionales en su vida, la experiencia vivida en nuestro país al frente del Centro de Entrenamiento Misional había sido la más enriquecedora.

 

 

            LOS ACTUALES DIRECTORES: EL PRESIDENTE JOHN A. DAVIS Y SU ESPOSA ADA DAVIS.

 

            El espíritu de servicio de los actuales Directores del C.E.M., los hermanos John A. Davis y su esposa, Ada Davis, no es sino el reflejo de dos vidas dedicadas desde siempre a servir en la obra del Señor y es ene se espíritu que ellos manifiestan su deseo de ver a muchos jóvenes chilenos saliendo a servir una misión.

            El Centro de Entrenamiento Misional seguirá siendo una experiencia espiritual para cada hijo de Dios llamado a servir, ayudando de esta manera a cumplir la más hermosa tarea de nuestro día, esto es, la de volver el corazón de los padres hacia los hijos y el de los hijos hacia los padres. Liahona Mayo de 1988. Páginas Locales.

¡Él es Soviesky!

    ALGO MUY BUENO Historia de la Iglesia en Chile y Latinoamérica   ¡Él es Soviesky!     Élder Joseph Melvin Thompson. ...