martes, 14 de julio de 2026

Dos misioneros al confín del Mundo: Punta Arenas, Chile, 1937-1938.


MISIÓN ARGENTINA DE LA IGLESIA DE JESUCRISTO DE LOS SANTOS DE LOS ÚLTIMOS DÍAS

Dos misioneros al confín del Mundo:

Elder August G. M. Ostendorf, Walter Ernest Young Jr. y la exploración misional a la Ciudad de Magallanes (Punta Arenas), Chile. (1937–1938)

Elder Ostendorf con el Misionero Local Walter Young Jr.(Fotografia de Deseret News.)


Estudio histórico basado en los Reportes de la Misión Argentina

Recopilación, traducción y redacción académica

Por Cristobal E. Acevedo, Tec. En logística Integral y creador de contenido del Canal de Youtube "Algo Muy Bueno"

Revision: Juan Rodriguez Layana,Orientador Familiar mencion en Relaciones Humanas, U. de los Lagos, Diplomado Universitario de Capacitación Docente en Neurociencias.


2026


Resumen 

El presente estudio reconstruye, a partir de los Reportes de la Misión Argentina (1935–1938), la trayectoria de dos figuras vinculadas por un mismo episodio: el élder alemán August G. M. Ostendorf, presidente de la Rama y del Distrito Pueyrredón, y Walter Ernest Young Jr., hijo del presidente de misión W. Ernest Young. Ambos protagonizaron, entre el 15 de diciembre de 1937 y el 11 de enero de 1938, un viaje de exploración misional a la ciudad de magallanes (Punta Arenas), Chile, señalado en las propias fuentes como el primer intento de proselitismo en suelo chileno desde la visita del apóstol Parley P. Pratt en 1851. El trabajo integra la documentación dispersa en la historia de la misión, el diario del presidente Young, la publicación mensual El Mensajero Deseret y Deseret News, ofreciendo una narrativa unificada, traducida y contextualizada de este episodio y de la trayectoria misional de ambos Jóvenes.

Introducción

Esta investigación tiene su origen en una breve anotación que mi padre, Rodolfo Acevedo, dejó registrada en su línea de tiempo histórica: la referencia al envío de los élderes August G. M. Ostendorf y Walter Young Jr. a Punta Arenas, Chile, el 15 de diciembre de 1937, por instrucción del presidente W. Ernest Young de la Misión Argentina, con su llegada a Punta Arenas el 25 de diciembre. Junto a ese dato, mi padre dejó constancia de que aún faltaba profundizar en los detalles de ese viaje.

Hoy, con profunda satisfacción, puedo cerrar esa investigación que él dejó pendiente, aportando el desarrollo completo de aquel viaje: su preparación, su itinerario día a día, los contactos y experiencias vividas en Punta Arenas, el regreso y la cobertura que tuvo en la prensa de la Iglesia, todo ello reconstruido y traducido a partir de los Reportes originales de la Misión Argentina (1935-1938).

La historia de la expansión misional de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en el Cono Sur durante la década de 1930 conserva, en sus reportes internos, episodios de notable interés que rara vez han sido documentados de forma unificada. Uno de ellos es el viaje realizado en el verano austral de 1937–1938 por el élder August G. M. Ostendorf y el joven Walter Ernest Young Jr. hacia la Ciudad de Magallanes (Punta Arenas), en el extremo sur de Chile. El objetivo del presente estudio es reunir, ordenar cronológicamente, y analizar toda la información disponible sobre ambos hombres y sobre dicho viaje, contenida en el documento fuente titulado “Reportes Misión Argentina”, un compendio digitalizado de historias de misión, diarios de presidentes, reportes trimestrales y recortes de prensa correspondientes al período 1935–1938.

La reconstrucción histórica se basa en cuatro tipos de fuentes primarias contenidas en el documento: (a) la Historia de la Misión Argentina, con sus entradas fechadas día a día; (b) el diario personal del presidente W. Ernest Young; (c) el reporte publicado en la publicación mensual de la Iglesia “El Mensajero Deseret”, que narra el viaje con notable nivel de detalle; y (d) el artículo publicado en la sección eclesiástica del periódico Deseret News de Salt Lake City, el 23 de abril de 1938, que difundió el episodio ante la membresía de la Iglesia en Estados Unidos.

 

Marco histórico: la Misión Argentina bajo la presidencia de W. Ernest Young

W. Ernest Young, Presidente de Mision Argentina. 1935-1938 y 1944-1949


El 14 de agosto de 1935 llegó a Buenos Aires, a bordo del vapor S. S. Del Norte, el nuevo presidente de la Misión Argentina, W. Ernest Young, en reemplazo del presidente saliente Reinhold Stoof.

Lo acompañaban su esposa, Cecile S. Young, y sus tres hijos, Amy, Walter y Carl, además de los élderes Lee B. Valentine, Julian William Cummings y G. Browning Rowe. Esta llegada dio inicio a un período misional que se extendería, según los registros, hasta 1938, y que estuvo marcado por la consolidación de ramas en Buenos Aires (Pueyrredón, Villa Devoto, Haedo, Liniers, entre otras), la incorporación de nuevas colonias de inmigrantes europeos como campo misional, y la expansión de la obra hacia el interior del país y, finalmente, un breve paso hacia el sur de Chile.

Es en este contexto —una misión joven, con escasez de élderes, que atendía simultáneamente a poblaciones hispanoparlantes, germanoparlantes e inglesas— donde deben entenderse tanto la labor especializada del élder Ostendorf como la participación, atípica para un joven no llamado formalmente como misionero, de Walter Ernest Young Jr.

Elder August G. M. Ostendorf: trayectoria misional (1935–1938)

Llegada y primeras asignaciones

Elder August G. M. Ostendorf, alemán de nacimiento y procedente de la Estaca de Nueva York, llegó a la misión el 24 de julio de 1935 a bordo del vapor “Madrid”, tras haber visitado a sus padres en Alemania. Apenas un mes más tarde, el 25 de agosto de 1935, el presidente Young organizó formalmente la Rama Villa Devoto, sosteniendo a Elder Justin M. Smith como presidente de rama y a Elder Ostendorf como su secretario. En las semanas siguientes, Elder Ostendorf realizó, junto al élder Smith, un viaje de reconocimiento a las islas del río Paraná, donde constataron la presencia de aproximadamente 1,500 familias de origen alemán, dato que resultaría decisivo para orientar buena parte de su futura labor misional.

 

Liderazgo de la Rama y del Distrito Pueyrredón

Hacia julio de 1936, Elder Ostendorf se desempeñaba como secretario de la Rama Pueyrredón, bajo la presidencia de Elder Floyd A. Zollinger; el 10 de julio de ese año fue nombrado presidente de dicha rama, cargo que ejercería durante casi dos años. Bajo su presidencia, la organización de Pueyrredón se extendió a las localidades de Santos Lugares, Paraná Guazú y Parque Luján, reflejo de la expansión de la obra misional hacia las colonias del interior. Para junio de 1937, el Distrito Pueyrredón agrupaba ya a los seis élderes del local homónimo y a los dos misioneros destinados a las Islas del Delta, con Elder Ostendorf como presidente de distrito y Elder Marion Vance como secretario. Ese liderazgo se prolongó hasta el 16 de enero de 1938, cuando Elder Ostendorf fue relevado como presidente de distrito en la nueva sede de Sáenz Peña, siendo reemplazado por el élder L. Peirce Brady.

La obra entre la comunidad de habla alemana

El rasgo más distintivo de la labor de Elder Ostendorf fue su dedicación a la comunidad germanoparlante de Buenos Aires y sus colonias del interior. Desde diciembre de 1936 dirigió reuniones en alemán en el local de la calle White, y en junio de 1937 estableció una reunión de casa (cottage meeting) en alemán en la esquina de White y Tandil. Sus reiterados viajes a las islas del Delta y a la provincia de Entre Ríos —en febrero, mayo, agosto y diciembre de 1936, y en mayo y agosto de 1937— tuvieron como objetivo constante llegar a las colonias de inmigrantes alemanes, daneses y de otras nacionalidades europeas asentadas en esas regiones ribereñas, mediante charlas ilustradas con diapositivas, visitas domiciliarias y la distribución de literatura de la Iglesia.

En abril de 1937, durante la Cuarta Conferencia General de la Misión Argentina, Elder Ostendorf resumió su labor señalando que trabajaba “con la gente alemana y palestina” y que aguardaba nuevos bautismos, mencionando específicamente el caso de un investigador de apellido Peters. Aquel mismo día impartió, en la Escuela Dominical de la conferencia, una charla en alemán titulada “El Libro de Mormón sostiene a la Biblia”. Su rol como puente entre la organización misional y la comunidad de habla alemana fue reconocido explícitamente en el reporte de su liberación, en febrero de 1938, que lo señala como “un factor decisivo en toda la obra realizada en ese idioma”; el mismo documento anota que, tras su partida, la misión debió asignar a un nuevo élder, Verden E. Bettilyon, para continuar esa labor específica, evidenciando el vacío que dejó su ausencia.

Bautismos, ordenanzas y episodios destacados

A lo largo de su misión, Elder Ostendorf participó, ya fuera bautizando o confirmando, en numerosas ordenanzas: entre ellas las de Erich Karl Fischer (enero de 1936), Gustavo Octavio Brito y Bravo (octubre de 1936), Anna Friedrichs (octubre de 1936), Ángela Smole de Stefancijosa (noviembre de 1936), Maria Stefancijosa (mayo de 1937), Andreus Trummer, Wilhelm Armia Hofmann y Helene Maria Ruessig de Hofmann, y Hermann Friedrichs (noviembre de 1937), y Maria Heupp (enero de 1938), entre otros. Particularmente significativo fue el nuevo bautismo de la hermana Magdalena Hoppe, el 12 de julio de 1937, cuando, a instancias de un investigador que cuestionó la validez del rito original realizado en 1936, Elder Ostendorf, quien había estado presente en la primera ocasión, explicó lo sucedido junto con la familia Hoppe y se procedió a repetir las ordenanzas en el río Paraná Guazú.

Uno de los episodios más singulares registrados en las fuentes es el relato en primera persona que el propio Elder Ostendorf ofreció el 3 de febrero de 1938. Según su testimonio, tras pasar la noche en la oficina de la misión, sintió una fuerte impresión, sin voz ni visión, que lo llevó a tomar un colectivo distinto al habitual y a descender cerca del domicilio de la hermana Toth. Aunque no tenía intención de detenerse, un automóvil estacionado frente a la casa llamó su atención; al golpear la puerta, fue recibido por el esposo de la hermana Toth, no miembro de la Iglesia, quien le explicó que su esposa, embarazada, se encontraba gravemente enferma y que un médico la atendía en ese momento. Ante la imposibilidad de contactar a otros élderes, el esposo pidió con urgencia que Elder Ostendorf la bendijera antes de marcharse a trabajar. Tras la unción y el sellamiento de la bendición, la hermana Toth —que perdería el embarazo— mostró una mejoría notable, superando en un día las indicaciones de reposo del médico. El relato subraya que la familia había intentado, sin éxito, contactar previamente a miembros o misioneros de la Iglesia.

Término de su Misión y legado

El 22 de febrero de 1938, tras casi tres años de servicio, Elder August G. M. Ostendorf junto con el élder Lee B. Valentine Finalizan Su Misión. El reporte de su término de la Misión destaca expresamente su condición de alemán de nacimiento y su rol determinante en la obra realizada entre la población germanoparlante de la misión. Emprendió su viaje de regreso vía el Canal de Panamá hasta Los Ángeles, a bordo de un buque japonés, acompañado por Walter R. Young Jr., hijo del presidente de la misión, el mismo joven con quien, dos meses antes, había protagonizado el viaje a los Estrechos de Magallanes.

 

Walter Ernest Young Jr.: un joven al servicio de la misión

Llegada con la familia presidencial

Walter Ernest Young Jr. llegó a Buenos Aires el 14 de agosto de 1935 con 17 años de edad, Junto a Su Familia quien su padre, el recién designado presidente de misión W. Ernest Young. A diferencia de los élderes que lo rodeaban, Walter no fue un misionero formalmente llamado y apartado, sino un joven miembro de la familia que, a lo largo de casi tres años, participó de forma creciente en la vida y en la obra de la misión.

Participación en la vida misional

Las primeras menciones a Walter en los reportes lo muestran en un rol de acompañamiento y colaboración musical: el 3 de julio de 1936 cantó, junto al élder Lee B. Valentine, en una actividad realizada en el Colegio Ward, la escuela americana de Buenos Aires, y el 23 de agosto de ese mismo año interpretó un dueto junto a su hermana Amy en una concurrida reunión en Lugano. El 26 de diciembre de 1936, en una reunión de élderes en Liniers, Walter tomó la palabra para relatar sus experiencias en el colegio, en lo que constituye su primera intervención registrada con carácter propio, más allá de su papel de acompañante familiar.

Su participación adquirió un carácter más formal a partir de 1937. El 16 de julio de ese año viajó junto a su padre a Rosario, junto con varios élderes, con motivo de la primera Conferencia del Distrito Rosario, donde los visitantes ofrecieron números musicales muy bien recibidos por los miembros locales. Pero el episodio de mayor relevancia en su trayectoria misional se produjo el 15 de diciembre de 1937, cuando, actuando expresamente como “misionero local”, zarpó de Buenos Aires junto al élder August G. M. Ostendorf rumbo a los Estrechos de Magallanes, Chile, en el vapor “Juan Menéndez”. El diario de su padre revela la dimensión personal de esta partida: fue el propio Elder Ostendorf quien solicitó que Walter lo acompañara, y el presidente Young, tras gestionar los pasaportes, los despidió en el Muelle Sur expresando su deseo de que su hijo supiera aprovechar la oportunidad.

El regreso, ocurrido el 11 de enero de 1938, tomó por sorpresa a la propia familia Young: el barco arribó antes de lo previsto, y ni Walter ni Elder  Ostendorf sabían que la familia se había mudado de domicilio durante su ausencia, por lo que debieron primero buscarla en la antigua dirección. El diario del presidente Young registra la alegría del reencuentro y subraya el significado del viaje: sus protagonistas habían llegado a ver, con sus propios ojos, los Estrechos de Magallanes.

Nota aclaratoria sobre su condición misional. El artículo del Deseret News de abril de 1938 describe a Walter como “a local missionary” (“un misionero local”) al narrar el viaje a Magallanes. Conviene precisar, sin embargo, que esta expresión debe entenderse en sentido descriptivo y no como un llamamiento eclesiástico formal equivalente al de los élderes de tiempo completo. A lo largo de todo el documento, Walter nunca es precedido por el título “Elder”, a diferencia de Elder Ostendorf y del resto de los misioneros; tampoco existe registro de que haya sido “apartado” (set apart) para una misión, fórmula que sí se documenta para otros llamamientos de la época. Más revelador aún: la propia Historia de la Misión Argentina sitúa recién en 1939 el origen de la figura institucional del “misionero local” como llamamiento formal, al registrar que el hermano Luis Constantini, llamado el 19 de abril de ese año para servir en Bahía Blanca, fue “the first local missionary to be called in South America” (“el primer misionero local llamado en Sudamérica”) —casi dos años después del viaje de Walter a Magallanes—. Se concluye, por tanto, que Walter Ernest Young Jr. colaboró activamente en la obra misional en virtud de su condición de hijo del presidente de misión y de su dominio del idioma y del entorno local, pero sin ostentar, en 1937, un llamamiento misional formal equiparable al de un élder o al de un misionero local propiamente dicho.

Además encontramos en los registros de la Mision Argentina lo siguiente: "....Walter F Young, Jr., Hijo del presidente y la hermana Young, acompañó al Elder Ostendorf en Su viaje de Regreso.... Walter ha sido una valiosa ayuda para la misión, aunque no era misionero......"

Vida escolar y liderazgo estudiantil

Un dato biográfico de particular interés, consignado en el reporte de la Finalizacion de la Misión de Elder Ostendorf en febrero de 1938, revela que Walter asistía al Colegio Americano (American Grammar and High School) de Buenos Aires, donde en un primer momento fue objeto de rechazo por parte de algunos compañeros a causa de su religión. Según el propio reporte, logró superar esa situación gracias a su personalidad, al punto de ser elegido Presidente del Cuerpo Estudiantil (President of the Student Body) durante su último año en la institución —un dato que ilustra tanto los desafíos identitarios que enfrentaban los jóvenes miembros de la Iglesia en instituciones seculares de la época, como la capacidad de Walter para superarlos.

Partida de Argentina

El 22 de febrero de 1938, coincidiendo con la Finalización formal de la misión de Elder Ostendorf, Walter R. Young Jr. emprendió su propio viaje de regreso, vía el Canal de Panamá hasta Los Ángeles, a bordo de un buque japonés, acompañando al élder alemán con quien había compartido la travesía a Magallanes. El reporte oficial reconoce a Walter como “una valiosa ayuda para la misión”, pese a no haber sido, en sentido estricto, un misionero llamado.

 

El viaje de exploración a la Ciudad de Magallanes (diciembre de 1937 – enero de 1938)

Ciudad de Magallanes (Punta Arenas), foto de Deseret News.


Antecedentes y preparativos

El origen del viaje fue, según el diario del presidente Young, una iniciativa personal de Elder Ostendorf, quien deseaba visitar a amigos radicados en la región del Estrecho de Magallanes, en Punta Arenas, Chile, y solicitó que Walter Ernest Young Jr. lo acompañara. Tras gestionar los pasaportes correspondientes, ambos partieron el 15 de diciembre de 1937 desde el Muelle Sur de Buenos Aires, a bordo del vapor “Juan Menéndez” (registrado también como “José Menéndez” en el reporte de El Mensajero deseret), con un pasaje de ida y vuelta de 180 pesos. Se preveía un viaje de unos diez días de navegación, una estadía de aproximadamente dos semanas, y un regreso hacia mediados de enero de 1938.

Crónica del viaje

El itinerario de ida bordeó la costa atlántica argentina, con escalas en Puerto Madryn, Comodoro Rivadavia, Puerto Deseado, Santa Cruz y Río Gallegos, antes de arribar a Magallanes, del lado chileno del Estrecho, a las 22 horas del 24 de diciembre de 1937 —la noche de Nochebuena—. El propio Elder Ostendorf consigna en su relato que la ciudad se llamaba entonces oficialmente “Magallanes”, aclarando entre paréntesis que antes se había llamado “Punta Arenas”; en efecto, la ciudad llevó el nombre de Magallanes entre 1927 y 1938, retomando el de Punta Arenas ese mismo año. Tras dos horas de búsqueda, los misioneros hallaron alojamiento en la Pensión Central, en Avenida Colón 643. Durante los diez días siguientes desarrollaron una intensa actividad de proselitismo: visitaron a las familias Dobson y Gardona —esta última vinculada a un relato sobre una antigua promesa familiar que, según sus propios miembros, se vio cumplida con la llegada de los misioneros—, y sostuvieron numerosos contactos con miembros de la colonia alemana, inglesa, escandinava y española de la ciudad, entre ellos Andrés Söllner, Carlos Strauss, Hermann Vogel, Federico Haidbauer, Max Witt, Antonio Gorcina y los operadores de radio Adolfo Dircesson y el señor Reinisch. Recibieron además una invitación para hablar por radio, testimonio del nivel de interés despertado por su presencia.

El 3 de enero de 1938 iniciaron el viaje de regreso a bordo del vapor “Asturiano”, arribando nuevamente a la Dársena Sud de Buenos Aires el 11 de enero, antes de lo previsto por la familia Young. Según el balance consignado en El Mensajero, en el curso de la expedición se distribuyeron 11 ejemplares del Libro de Mormón, 3 de Doctrina y Convenios, 55 otros libros, 265 panfletos y 583 folletos, y se contactó a unas 100 personas.

Además, en el Diario del presidente de Misión  W. Ernest  Young dice:

“Mientras estuvieron allí repartieron folletos y panfletos, y sostuvieron muchas conversaciones. Vieron a gente lamanita, alemana, inglesa y de otras nacionalidades. Se quedaron sin fondos y, en respuesta a sus oraciones, unos amigos les dieron algo de dinero. Incluso hubo personas que pidieron el bautismo, pero al no saber, en esos pocos días, si la Misión podría dar seguimiento a la obra, no se bautizó a nadie.”

 

Cobertura en la prensa: El Mensajero Deseret y  Deseret News

El viaje fue documentado con inusual detalle en dos publicaciones de la Iglesia. La publicación mensual argentina El Mensajero Deseret publicó, en su edición de febrero de 1938 (pág. 13), un relato en primera persona firmado por el propio Elder Ostendorf y titulado “Un buen viaje a Magallanes (Chile), Tierra del Fuego”, que constituye la fuente más minuciosa sobre el episodio. Meses después, el 23 de abril de 1938, la sección del Deseret News de Salt Lake City reprodujo el episodio para la membresía de la Iglesia en Estados Unidos, acompañado de fotografías de la ciudad de Magallanes y de los dos misioneros, identificados como Elder August G. M. Ostendorf y Walter E. Young Jr., “hijo del presidente W. Ernest Young de la Misión Argentina”, en el parque público de la ciudad. Un artículo posterior, en el reporte del trimestre que finalizó el 30 de junio de 1938, hizo referencia retrospectiva al mismo viaje, situándolo también en la región de “Tierra del Fuego”.

Noticia Deseret News, 23 abril, 1938



“Un buen viaje a Magallanes (Chile), Tierra del Fuego”, Mensajero Deseret, febrero de 1938, pág. 13

Nota sobre El Mensajero (“El Mensajero Deseret”). Conviene situar esta fuente en su propio contexto editorial. El Mensajero deseret fue el periódico de habla hispana de la Misión Argentina, cuya primera publicación data del 9 de enero de 1937 —es decir, un año antes de que registrara el viaje de Elder Ostendorf y Young Jr. a Magallanes— y que se mantuvo en circulación hasta abril de 1955, cuando fue reemplazado por la revista Liahona

Significado histórico del viaje

Los propios reportes de la misión atribuyen a este viaje un significado que trasciende la anécdota misional. El diario del presidente Young lo describe como, “quizás, la primera exploración misional realizada en el Estrecho”, y añade una nota aún más categórica: se trataría, “sin duda”, del primer intento de proselitismo en Chile desde el viaje realizado por el apóstol Parley P. Pratt en 1851. Los artículos periodísticos, por su parte, enmarcan el episodio en una doble genealogía histórica: la travesía del navegante portugués Fernando de Magallanes por el estrecho homónimo en 1520, cuatrocientos dieciocho años antes  y el paso de 238 miembros de la Iglesia por esas mismas aguas en 1846, a bordo del “Brooklyn”, bajo la dirección de Samuel Brannan, en su ruta desde Nueva York hacia California. Esta doble referencia —a la exploración europea del siglo XVI y a la migración pionera santa de 1846— dota al viaje de Elder Ostendorf y Young de una dimensión simbólica que sus propios protagonistas y editores no dejaron de subrayar.

Asimismo, el reporte trimestral correspondiente reconoce las limitaciones prácticas de la iniciativa: pese a la buena recepción obtenida, se consideró que no era factible sostener una obra proselitista regular en Magallanes contando con tan pocos misioneros disponibles en Argentina, dejando abierta la posibilidad de que la obra se estableciera allí “en años futuros”.

Una hipótesis especulativa: ¿un eco de la visita de Teddy Parker (1888)?

Los reportes de la misión registran dos episodios llamativos en el propio viaje a Magallanes: el testimonio de un indígena chileno que afirmó haber escuchado años atrás que “la Iglesia Restaurada volvería”, y el caso de la familia Gardona, en el que un anciano le había asegurado al joven Gardona que en su vida vería cumplidos los deseos de su corazón, promesa que la familia entendió cumplida al conocer los folletos que portaban Elder Ostendorf y Young. Resulta sugerente contrastar estos dos episodios con un antecedente completamente ajeno a los reportes de la misión: las memorias de Juan B. Contardi, testigo presencial de la breve y singular visita de un predicador mormón, el llamado “Mister Teddy Parker”, de Utah, a Punta Arenas en octubre de 1888.

Según el relato de Contardi, Parker instaló un templete improvisado en la trastienda de un pequeño negocio de la calle Llanquihue (hoy O'Higgins), donde convocaba reuniones nocturnas de no más de diez a quince personas, “anglosajones en su mayoría”. Contardi asistió a una de ellas y describe, además del pastor, a un reducido círculo de curiosos y mineros norteamericanos, más un grupo de ocho o diez jóvenes vecinos “de distintas nacionalidades” que se sumaron después. Al día siguiente, Parker desapareció de la ciudad tan discretamente como había llegado.

La hipótesis, que se propone aquí únicamente como posibilidad y no como hecho establecido, es la siguiente: dado que ambos episodios ocurren en el mismo escenario geográfico —Punta Arenas— y que medió un lapso de cerca de cincuenta años entre la visita de Parker (1888) y el viaje de Elder Ostendorf y Young (1937–1938), no puede descartarse que algún asistente joven a aquella reunión de 1888, o un descendiente suyo que hubiera oído hablar de ella, sea la fuente remota de esa expectativa de un evangelio restaurado que “volvería”, transmitida oralmente de una generación a la siguiente hasta llegar, en 1937, al indígena chileno o a la familia Gardona.

Conviene, sin embargo, señalar los límites de esta conjetura. Ningún nombre de las memorias de Contardi coincide con los apellidos mencionados en los reportes de la misión de 1937–1938; el propio Contardi describe el público de Parker como mayoritariamente anglosajón, sin mencionar explícitamente a chilenos o indígenas entre los asistentes que nombra; y la idea de una fe o un mensajero que “ha de volver” es, además, un motivo recurrente en tradiciones orales y mesiánicas de muy diversas culturas, por lo que su sola presencia no basta para establecer una filiación directa entre ambos episodios. Dicho esto, la coincidencia temporal y geográfica, sumada a la naturaleza inusual de ambos relatos, hace de esta conexión una hipótesis legítima para la investigación histórica futura, que solo podría confirmarse o descartarse mediante un cruce más detallado de fuentes genealógicas y de historia oral local de Punta Arenas.

Conclusión

El estudio de las trayectorias de Elder August G. M. Ostendorf y Walter Ernest Young Jr., a partir de los Reportes de la Misión Argentina, permite reconstruir dos historias personales entrelazadas por un mismo episodio de alcance histórico: la primera incursión misional documentada en el extremo sur de Chile desde mediados del siglo XIX. Elder Ostendorf representa el perfil del misionero especializado, cuya identidad alemana se convirtió en un activo decisivo para la obra entre las comunidades germanoparlantes de Buenos Aires y sus colonias del interior. Walter Young Jr., por su parte, ilustra una figura menos convencional dentro de la historiografía misional: la del joven miembro de padres que servían como presidentes de misión que, sin ser formalmente llamado, asumió progresivamente responsabilidades misionales hasta protagonizar, codo a codo con un élder, una de las expediciones más recordadas de la misión. El viaje conjunto a la ciudad de  Magallanes, en el verano de 1937–1938, condensa ambas trayectorias y constituye, según las propias fuentes de la época, un antecedente directo —consciente de su propia genealogía histórica— de la obra misional que la Iglesia establecería en Chile en las décadas siguientes.


Fuentes

Historia de la Misión Argentina, Reportes trimestrales (1935–1938).

Diario personal del presidente W. Ernest Young.

August G. H./M. Ostendorf, “Un buen viaje a Magallanes (Chile), Tierra del Fuego”, El Mensajero Deseret (Buenos Aires), febrero de 1938, pág. 13.

“Argentine Mission — City of Megellan, Chile” y “Chilian Exploration”, Deseret News, Church Section, Salt Lake City, 23 de abril de 1938.

Índice alfabético de misioneros y familiares de la Misión Argentina, documento digitalizado “Reportes Misión Argentina”.

La pequeña Babel magallánica, 1888-1889 Autor: Contardi.

miércoles, 1 de octubre de 2025

Presidente Russell M. Nelson y su paso por Chile

 

Presidente Russell M. Nelson y su paso por Chile



Por Cristobal E. Acevedo.


El 27 de septiembre de 2025, a la edad de 101 años, falleció el Presidente Russell M. Nelson, profeta de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Su ministerio fue marcado por ser el profeta mas longevo de esta dispensación, y en Chile dejó una huella imborrable. A continuación comparto un extracto del capitulo 17 "Russell M. Nelson"  parte de un proyecto Llamado "Algo Muy Bueno". 

Russell M. Nelson en Chile

  Conferencia Regional en Santiago 

21 y 22 de marzo de 1992

La conferencia se realizó en el Estadio Chile, hoy conocido como Estadio Víctor Jara. Fue presidida por los apóstoles Russell M. Nelson y Richard G. Scott, acompañados por el Elder Lynn A. Mickelsen de la Presidencia del Área Sudamérica Sur.


Elder Richard G Scott con Elder Russel M. Nelson


Asistieron miembros de las estacas de Renca, Ñuñoa, Las Condes, Independencia, La Florida, Puente Alto, Quilicura y Zapadores. El ambiente fue solemne y reverente; la música y los mensajes hicieron que el estadio se transformara en una gran capilla.

Entre las enseñanzas más recordadas estuvo la instrucción de llevar a los niños a las reuniones de la Iglesia sin temor a que importunen, recordando que ellos son parte esencial del Reino de Dios. El Elder Scott, con ternura, añadió: “Los adultos no saben sonreír”, invitando a todos a vivir el evangelio con más gozo y gratitud.



                                                Elder Russel M. Nelson Junto a Ricardo Garcia.

Ese día también estuvo presente Ricardo García, el primer miembro bautizado en Chile de forma ofical en Noviembre de 1956. Su participación simbolizó el puente entre los modestos inicios de la Iglesia en esta tierra y el crecimiento notable alcanzado para comienzos de los años noventa.


Visita del Presidente Gordon B. Hinckley

Abril de 1999 


El Estadio Monumental de Santiago fue testigo de la mayor reunión de santos en Chile hasta ese momento: más de 57.000 personas asistieron para escuchar al Presidente Gordon B. Hinckley.

El Elder Russell M. Nelson acompañó al Profeta y participó en reuniones con líderes y misioneros. En la capacitación de sacerdocio, destacó que “la Iglesia está creciendo” y recordó que Chile ya contaba con más de 115 estacas y 8 misiones.

En su mensaje, subrayó la necesidad de enseñar los Diez Mandamientos como norma eterna, preparar a los jóvenes para el sacerdocio y el servicio misional, y fortalecer a las familias mediante las ordenanzas del templo.

En la reunión con los misioneros, dejó un desafío que aún resuena: animó a quienes hablaban inglés a enseñar a sus compañeros hispanohablantes y viceversa, prometiendo que al terminar su servicio conocerían tres lenguas: español, inglés y el lenguaje del Señor.

El Presidente Russell M. Nelson enseñó que “el evangelio de Jesucristo es un evangelio de gozo”. En Chile, sus visitas dejaron mensajes inolvidables: la importancia de los niños, la sonrisa sincera en la adoración, la centralidad de los Diez Mandamientos y la preparación espiritual para el templo.

Al recordarlo tras su partida, rendimos homenaje a su vida y ministerio. Su amor por los Santos en Chile seguirá inspirando a las generaciones futuras a caminar con fe hacia el Salvador Jesucristo.


Fuentes:

Capitulo 17 Russel M. Nelson, Libro "Algo Muy Bueno"

Paginas Locales. Liahona 1992

Paginas locales Liahona Junio 1999.


miércoles, 17 de septiembre de 2025

Colores de la Patria

 

 

Devocional Obispado Presidente

Martes, 21 de septiembre de 2010

Recopilado por Cristobal E. Acevedo

El amanecer del 18, el amanecer de la Patria.

Buenos Días queridos hermanos y hermanas, me siento muy feliz de poder estar aquí parado ante ustedes en este día en que venimos recién saliendo de nuestra gran celebración del Bicentenario, realmente han sido días muy especiales que hemos vivido, han sido días en que nuestro corazón se ha henchido de patriotismo y con nuestras familias hemos podido disfrutar de esta ocasión tan especial.

Se me ha pedido que hable esta mañana acerca de símbolos y especialmente acerca de nuestros símbolos patrios. Pero antes de ello quiero expresar a ustedes, el significado de lo que es un símbolo, un símbolo es una figura con la que se representa un concepto.

Los emblemas nacionales vienen a ser algo como la base sapiencial de la nación expresada en formas y colores. La patria es la tierra en que han vivido nuestros padres, nuestros ancestros.  Nuestros ancestros de los días de la Independencia de Chile, pero también nuestros ancestros precolombinos.

Es así como encontramos símbolos dibujados en las rocas de Altamira que quieren expresar algo para nosotros, es así como encontramos símbolos en las vasijas y en los templos precolombinos. Es así como encontramos símbolos en nuestro propio templo que está aquí al lado y en las escrituras antiguas que nos hablan por ejemplo del sacrificio de Isaac como una semejanza de Cristo. Donde su padre Abraham representa al Padre Celestial  y donde Isaac representa a su hijo, nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

El pan y el agua del cual nosotros participamos este domingo en la reunión sacramental nos recuerda y es un símbolo del sacrificio de nuestro Señor Jesucristo por todos nosotros. La serpiente de bronce que fue levantada en el desierto también es un símbolo de Jesucristo.

Queridos hermanos, en toda nuestra vida, en todos los hechos del hombre encontramos su pensamiento más intimo reflejado en símbolos y en este 18 de septiembre nuestro símbolo patrio se vio más hermosos que nunca.

Tuve la oportunidad y la bendición de participar en el “Te Deum” en la Catedral como un historiador chileno, fui invitado con mi esposa, y al regresar a nuestro hogar y antes de participar del asadito del 18 con la familia, mi hijo Cristóbal que había ensayado el Himno Nacional al piano lo tocó y toda la familia lo cantó. En la mesa había un computador encendido en Skype y allí estaba nuestra hija Brenda que vive en Las Vegas en los Estados Unidos, vestida de china,  y su hijita Janaina, nuestra nietecita con una polera con la bandera chilena. Cuando estuvimos todos listos, cantamos la Canción Nacional y gracias a la tecnología, nuestra hija cantó con nosotros.

Pero lo más emocionante para mí, fue ver a mi hija Brenda vestida de China, de chinita campesina chilena y a su hija con la bandera chilena puesta en su cuerpecito.

Brendita de Chinita en Las Vegas y nosotros en Santiago cantando el himno nacional.

Pero eso no terminó allí, después de terminar la canción nacional, Jani, de siete añitos entre inglés y español dijo “¡Atención Chilenos de corazón CEACHEI…!” y la niña grito esas palabras tan familiares para nosotros y todos por supuesto las repetimos emocionados. Eso fue parte de nuestra celebración como familia, yo se que cada uno de ustedes guarda sus propios y gratos recuerdos en sus corazones, de las cosas que hicieron en estos días del 18, en estos día del Bicentenario de Chile.

Querido hermanos, esta es la bandera de la Patria Vieja, los colores en la bandera no fueron puestos allí por casualidad, yo voy a decir lo que representa cada color. 

La bandera de la Patria Vieja

El azul es el color del cielo y es un símbolo del pensamiento y de la ley, también es un símbolo de la atmósfera y de la bóveda celeste. Encarna la justicia.

El blanco es un color asociado con la luz divina, al mundo trascendente, superior a toda luz cósmica. Está asociado con el ámbito divino y con la sabiduría. También representa la nieve de nuestras montañas.

Y el amarillo queridos hermanos es el símbolo de la intuición o iluminación por su analogía con la luz solar, está asociado con el conocimiento superior y con el fundamento espiritual de la soberanía.

Esos son los colores que don José Miguel Carrera pensó para nuestro primer emblema patrio durante el periodo de nuestra historia conocido como la Patria Vieja. Este emblema se utilizó hasta el día de la batalla de Rancagua.

Queridos hermanos, el amarillo que representa al sol, significó para nuestros antepasados  también el paso de las tinieblas a la luz, de la Colonia al tiempo de nuestra independencia como nación . En el escudo nacional que acompañaba a esta bandera donde estaban representados dos indios decía arriba POST TENEBRAS LUX, después de las tinieblas la luz.

“Post Tenebras Lux”,

Esas palabras estaban en el escudo de la Patria Vieja.

 

Queridos hermanos si nosotros pensamos en esas palabras, podemos también pensar en la visión de Nefi donde  él vio nuestra independencia como significando también un hecho preparatorio para el día en que el evangelio de Jesucristo sería restaurado en la tierra, y en el que las tinieblas darían paso a la luz y eso ocurriría muy poco tiempo después de nuestra independencia, cuando el profeta José Smith tuvo la primera visión en 1820, tan solo dos años después de la batalla de Maipú que selló nuestra independencia, organizándose luego en 1830 la Iglesia de Cristo en la tierra.

Cuando los patriotas se van a Mendoza tras el desastre de Rancagua, y luego al volver y tras el triunfo de Chacabuco.

La bandera de la transición

Con esta bandera conocida como la bandera de transición, los patriotas entraron a Santiago por lo que hoy día es la calle Independencia en el sector de Mapocho y conquistaron nuevamente la tierra para nuestro querido país de Chile.

Y nuestra bandera actual, nuestra bandera chilena, trae algo más que la diferencia de las anteriores, trae una estrella, la estrella de Chile, una estrella solitaria.  A don Bernardo O’Higgins se le preguntó ¿Por qué la estrella en la bandera nueva?  Y él dijo que esta representaba a la Estrella de Arauco.

Nuestra Bandera actual

Es mi testimonio que nuestra historia patria forma parte de la historia contenida en el Libro de Mormón. En el libro de Primer Nefi, capítulo 13 podemos leer:

“Y aconteció que el ángel me habló, diciendo: ¡Mira! Y miré, y vi muchas naciones y reinos.

  Y me dijo el ángel: ¿Qué ves? Y yo dije: Veo muchas naciones y reinos. Y me dijo él a mí: Éstas son las naciones y los reinos de los gentiles”. Primer Nefi Cap. 13. Vers. 1-3.

 

Eran las naciones y los reinos de los gentiles que iban a estar en la tierra en los días de la restauración del evangelio. Más adelante dice….”Y sucedió que miré, y vi muchas aguas; y éstas separaban a los gentiles de la posteridad de mis hermanos”. (Vers. 10),  los lamanitas, y luego dice:  “Y miré, y vi entre los gentiles a un hombre que estaba separado de la posteridad de mis hermanos por las muchas aguas; y vi que el Espíritu de Dios descendió y obró sobre él; y el hombre partió sobre las muchas aguas, sí, hasta donde estaban los descendientes de mis hermanos que se encontraban en la tierra prometida”. (Vers.12) Y nosotros sabemos que ese hombre fue Cristobal Colón, luego él dice “Y aconteció que vi al Espíritu de Dios que obraba sobre otros gentiles, y salieron de su cautividad, cruzando las muchas aguas” (Vers. 13).

 

En don Diego de Almagro y don Pedro de Valdivia nosotros podemos ver reflejados a esos gentiles que vinieron después de Colón. Don Diego de Almagro vino y se fue, porque encontró que estas tierras eran pobres, no había oro como él esperaba encontrar, pero si lo había. Luego vino don Pedro de Valdivia con algo diferente en su mente, él vino a colonizar, a fundar ciudades, vino a quedarse y nosotros sabemos lo que acontecería, la Guerra de Arauco.

“Y sucedió que vi muchas multitudes de gentiles sobre la tierra de promisión, y vi que la ira de Dios vino sobre los descendientes de mis hermanos, y fueron dispersados delante de los gentiles, y afligidos”. (Vers. 14)

Y así es como entramos al período de dominio español conocido como la Colonia, período que culminará con la Independencia de nuestras naciones:  Y vi que las madres patrias de los gentiles se hallaban reunidas sobre las aguas, y sobre la tierra también, para combatirlos. Y vi que el poder de Dios estaba con ellos, y también que la ira de Dios pesaba sobre todos aquellos que estaban congregados en contra de ellos para la lucha.  Y yo, Nefi, vi que los gentiles que habían salido de la cautividad fueron librados por el poder de Dios de las manos de todas las demás naciones”. (Vers. 17-19).

Nuestro país de Chile fue liberado de España, así como los Estados Unidos lo había sido de Inglaterra, sus madres patrias  y así sucedió con cada nación americana, es decir no fue casualidad todo lo que aconteció. Yo quiero expresar mi testimonio de que esto es verdadero, nosotros tenemos un conocimiento superior de estas cosas, a causa del evangelio, a causa de las escrituras y lo comparto en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Rodolfo Acevedo.


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