domingo, 18 de mayo de 2025

Los Misioneros y el Placer de Servir.

 

Los misioneros y el placer de servir

Por Rodolfo Acevedo

“Y después que nuestra posteridad haya sido dispersada, el Señor Dios procederá a efectuar una obra maravillosa entre los gentiles, que será de gran valor para nuestra posteridad; por tanto, se compara a que serán nutridos por los gentiles y llevados en sus brazos y sobre sus hombros”.
— 1 Nefi 22:8

Miembros de la rama de San Bernardo, 1964. Foto: Jim Palmer.

Niños de la Primaria en Quillota. Foto: Don Lohr.

El servicio como expresión del amor al prójimo

Élder Peterson y Élder Layman inician la obra en Coquimbo, 1969.

¿Qué mejor manera de expresar el servicio y el amor por el prójimo que sirviendo en una misión? Así lo han comprendido nuestros jóvenes desde los primeros días de la restauración del evangelio en la tierra, y así lo siguen comprendiendo en nuestros días.

Así vi, en mis primeros días de conversión, a los misioneros: animándonos, ayudándonos a dar nuestros primeros pasos como personas recién nacidas a la nueva fe, llevando a nuestros hijos de la mano y a nuestros hermanos menores en sus hombros, como el fiel cumplimiento de una antigua profecía.

Bautismo en el mar. Foto: Élder Steve Cherry.

Los misioneros que conocí

Ellos fueron los misioneros que conocí, los misioneros que conocieron nuestros padres, los misioneros que más tarde veríamos proyectados en nuestros propios hijos sirviendo en tierras lejanas, dejando recuerdos imborrables de servicio entre sus propios conversos, como los que yo ahora intento traer a mi mente.

Élder David Arthur Fife

Élder Carlos Jerónimo Bony

Élder Steve Warren

Pero, con la celebración de los 50 años de la Misión Chilena, pude volver a ver a los misioneros y su espíritu de servicio de los días de mi juventud, ayudando a ordenar la capilla como cuando iban, en aquellos primeros días, a encerarla y “a pasar el chancho”, a dejar la capilla lista para recibir a sus investigadores al día siguiente.

“Con los pies en la calle… y casi sin zapatos”

“Con los pies en la calle… y casi sin zapatos”.

Creo que las fotografías hablan por sí solas de ese espíritu de servicio que nuestros misioneros históricos, que nos visitan con motivo de los 50 años de la Misión Chilena, nos han vuelto a mostrar con sencillez, con amor y, especialmente, con el deseo de servir, tal como lo expresara en un hermoso poema nuestra poetisa y Premio Nobel Gabriela Mistral.

El placer de servir

Toda la Naturaleza es un anhelo de servir. Sirve la nube, sirve el aire, sirve el surco.

Donde haya un árbol que plantar, plántalo tú; donde haya un error que enmendar, enmiéndalo tú; donde haya un esfuerzo que todos esquiven, acéptalo tú.

Sé el que apartó la molesta piedra del camino; sé el que apartó el odio de entre los corazones y las dificultades del problema.

Existe la alegría de ser sano y la de ser justo; pero hay, sobre todo, la hermosa, la inmensa alegría de servir.

¡Qué triste sería el mundo si todo en él estuviera hecho, si no hubiera un rosal que plantar, una empresa que acometer!

Que no te llamen solamente los trabajos fáciles. ¡Es tan bello hacer lo que otros esquivan!

Pero no caigas en el error de que sólo se hace mérito con los grandes trabajos; hay pequeños servicios que son buenos servicios: adornar una mesa, ordenar unos libros, peinar una niña.

Aquel es el que critica, éste el que destruye; sé tú el que sirve.

El servir no es faena de seres inferiores. Dios, que da el fruto y la luz, sirve. Pudiera llamársele así: el que sirve. Tiene sus ojos fijos en nuestras manos y nos pregunta cada día: ¿Serviste hoy? ¿A quién? ¿Al árbol? ¿A tu amigo? ¿A tu madre?

— Gabriela Mistral

Miembros y misioneros limpiando la capilla de la rama de Providencia, 1959.

Élder Waldron

Élder Van Lyman y Élder Bony

Élder Alonzo

Misioneros históricos ordenando la capilla, 2011.

Llamados a la obra

Élder David W. Memmott y Élder Steve Warren.

Mientras observaba a los misioneros históricos participar de las actividades de los 50 años de la Misión Chilena, una escritura inspirada vino a mi mente, una escritura que ha acompañado a los misioneros a través de las generaciones y que nuestros jóvenes hoy día memorizan y llevan como un juramento en sus corazones cuando salen a servir:

He aquí, una obra maravillosa está a punto de aparecer entre los hijos de los hombres.

Por tanto, oh vosotros que os embarcáis en el servicio de Dios, mirad que le sirváis con todo vuestro corazón, alma, mente y fuerza, para que aparezcáis sin culpa ante Dios en el último día.

De modo que, si tenéis deseos de servir a Dios, sois llamados a la obra;

pues he aquí, el campo blanco está ya para la siega; y he aquí, quien mete su hoz con su fuerza atesora para sí, de modo que no perece, sino que trae salvación a su alma;

y fe, esperanza, caridad y amor, con la mira puesta únicamente en la gloria de Dios, lo califican para la obra.

Tened presente la fe, la virtud, el conocimiento, la templanza, la paciencia, la bondad fraternal, piedad, caridad, humildad, diligencia.

Pedid, y recibiréis; llamad, y se os abrirá. Amén.

— Doctrina y Convenios, sección 4


EDIFICAR SOBRE LA ROCA

 

EDIFICAR SOBRE LA ROCA

Por Laurel Becktead.

Desert Saints Magazine, Noviembre 2010. P. 41. Las Vegas. USA.

21 de noviembre de 2011



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                El arribo de los Padres Peregrinos, por Charles Lucy, describe la llegada de los 102 Peregrinos que arribaron al actual puerto de Provincetown el 21 de noviembre de 1620.  El Mayflower, que se ve al fondo, ya está navegando de regreso. Los Peregrinos fundaron la Colonia de Plymouth, Massachusetts, que fue el primer poblado Inglés en Nueva Inglaterra.

            Mientras se contempla esta obra de arte, uno se puede dar cuenta que estos peregrinos tuvieron con ellos pocas o casi ninguna pertenencia.  Ellos se están consolando el uno al otro. Algunos están expresando gratitud en humilde oración. Pero el aspecto más notable de la escena es que mientras el barco está saliendo, el líder, William Bradford, está mirando fijamente hacia la nueva tierra. Ninguno de los Peregrinos está mirando hacia atrás al barco que está saliendo para regresar a Inglaterra.

            Esta imagen ilustra claramente que la más importante posesión de los peregrinos era lo que llevaban en sus corazones.  Era también su más grande virtud: su fe. Su arribo a Plymouth Rock estableció los comienzos de nuestra nación sobre una sólida fundación de fe y un restablecimiento de los valores cristianos en la sociedad.

            Hoy día, nosotros también estamos en medio de un peregrinar.  Nosotros buscamos restablecer nuestros valores Cristianos como nación. Las cualidades de la fe y la constancia son tan aplicables para este tiempo y circunstancias como lo fueron para nuestros ancestros peregrinos.

A propósito del Día de acción de Gracias, traduje este artículo mientras visitaba a Brendita y su querida familia en la Ciudad de Las Vegas, por estos mismos días el año pasado (2010)

 

sábado, 17 de mayo de 2025

El Viaje del Brooklyn. 1846

 

El Viaje del Brooklyn.

1846

 Rodolfo Acevedo

 

 

El Barco Brooklyn

 

El día de la partida fue cambiado varias veces, pero finalmente, el 4 de febrero de 1846, el Brooklyn zarpó del puerto de Nueva York y se dirigió hacia el sur en su largo viaje. Por supuesto, fue una mera coincidencia que la fecha en que el Brooklyn salió del puerto de Nueva York fuera también el mismo día en que comenzó el éxodo desde Nauvoo. Excepto por tormentas severas —una en el Atlántico y otra en el Pacífico, esta última a la altura de Valparaíso— el viaje fue placentero. La embarcación hizo escala en la isla de Juan Fernández, famosa por haber sido la residencia solitaria de Alexander Selkirk (Robinson Crusoe) entre 1704 y 1709, donde, tras desembarcar el 4 de mayo, permanecieron cinco días; también en Honolulu, Islas Hawaianas, el 20 de junio, donde permanecieron diez días. El Brooklyn llegó a Yerba Buena —bahía de San Francisco— el 29 de julio de 1846, habiendo completado el viaje en cinco meses y veintisiete días.(1)    

 

 

 

Viaje del Brooklyn

“...Pronto el Brooklyn se desplazaba hacia el norte a lo largo de la costa chilena, fuera de la vista de tierra... Los pasajeros estaban cada vez más desesperados por llegar a Valparaíso... Desafortunadamente, el Brooklyn nunca llegó a Valparaíso... durante tres días el barco fue arrastrado por el vendaval, y debido a un viento del este no pudo entrar al puerto... Así que el capitán abandonó Valparaíso como destino y dirigió al Brooklyn con el viento hacia Juan Fernández... a unos 360 kilómetros de la costa de Chile.”

Una tragedia en alta mar

 

Laura Goodwin Hopkiss, una pionera que viajaba en el Brooklyn embarazada junto a su esposo Isaac y siete hijos, perdió el equilibrio con el movimiento del barco durante la tormenta y fue lanzada por la escalera de la camara. Ella sufrió prematuros dolores de parto produciéndose algunas complicaciones. Mientras se le atendía ella rogó a su familia que en caso de morir no la sepultaran en el mar, lamentablemente después de una lenta agonía ella fallecería. Mientras tanto el barco por tres días había quedado a merced de la tormenta y como consecuencia del viento este se les hizo imposible llegar al puerto de Valparaíso.

El capitán del Brooklyn Abel W. Richardson que era un experimentado hombre de mar y poseedor de un excelente “carácter moral” y la tripulación “hombres de moral por sobre el promedio” enfilaron el rumbo de la embaración hacia una isla que ellos conocían como lugar de refugio ante las tormentas, est  lugar era nuestra isla Juan Fernandez.[2] La Isla de Juan Fernández se presentó con los primeros rayos de la mañana ante los pioneros el día 4 de mayo de 1846, era la misma isla que había servido de refugio a Alejandro Selkirk, el marino inmortalizado en la obra Robinson Crusoe por Daniel Defoe, cumpliéndose con el propio arribo del Brooklyn a sus costas las palabras de don Benjamín Vicuña Mackenna que la señalaban como “una especie de apeadero y de posada y de punto de apoyo indispensable para todas las empresas de aventura en el Pacífico” Esta vez la aventura de nuestros hermanos había sido motivada por la fe y la isla en forma especial se convertiría en un punto de apoyo para la familia de Laura Goodwin, al poder dejar ellos sepultada en tierra firme a la querida esposa y madre pionera.

 

“Aún cuando la ocasión era muy triste, la presencia de los 6 niños pequeños llorando con gran dolor y el padre en su soledad tratando de consolarlos, más el cansancio del viaje, la sola vista y el pisar sobre tierra firme una vez más fue descanso de la vida a bordo y con agradecimiento lo disfrutamos.…caminamos por la isla, visitamos las cavernas, una de las cuales nos fue mostrada como la verdadera de Robinson Crusoe y fue mi buena suerte tomar una buena siesta allí una placentera tarde”.[3]

 

 

Los pasajeros vieron por primera vez la isla Juan Fernández con los primeros rayos de la mañana del 4 de mayo... Para la 1:00 p. m. de ese mismo día, el Brooklyn estaba fondeando en la pequeña y semicircular bahía de Cumberland, en el lado noreste de la isla, con los pasajeros impacientes por refrescarse en tierra firme y explorar este solitario enclave del Pacífico... Sin embargo, junto con los placeres de pisar tierra, también estaba la triste tarea de enterrar a su querida hermana, Laura Goodwin.

Augusta Joyce Crocheron escribió:

"Aunque la ocasión era tan dolorosa, la presencia de los pequeños niños sollozando con una pena incontenible y el padre, en su soledad, tratando de consolarlos, aun así, tal era nuestro cansancio del viaje que la vista y el pisar tierra firme una vez más fue un alivio tal de la vida a bordo que lo apreciamos y disfrutamos con gratitud..."

Los agotados viajeros reabastecieron rápidamente la nave. Encontraron agua dulce a solo unos pasos de la playa, llenaron cerca de 18,000 galones en toneles y los cargaron a bordo del barco. También almacenaron haces de leña recogidos de las empinadas laderas y barriles de pescado salado. Juan Fernández pudo haber sido un destino de segunda opción, pero allí evitaron el alto costo de los suministros y los derechos portuarios de Valparaíso. Después de cinco días, el barco estuvo listo para zarpar.

El Brooklyn levantó ancla el 9 de mayo y puso rumbo hacia las Islas Sandwich.(4)

 


 

 

Un apóstol honra a los pioneros del viaje del Brooklyn.

 

“...El élder David B. Haight... habló de las pruebas del viaje, el cual cubrió 24,000 millas en seis meses. ‘Fue un viaje terrible’, relató. ‘Dependían del viento, así que fue un viaje largo, muy largo. Nacieron bebés; personas murieron y fueron sepultadas en el mar. La gente vivió sin tocar tierra hasta que desembarcaron (frente a las costas de Sudamérica) para conseguir agua dulce.’”

“...Durante la celebración del sesquicentenario en San Francisco, en julio de 1996, él ‘representó a la Primera Presidencia al dedicar una placa en el lugar donde el barco desembarcó.’”

“También dedicó una placa en los terrenos del Templo de Oakland, en Temple Hill, que domina la Bahía de San Francisco.”(5)

Los pioneros navegantes que fueron homenajeados no solo fueron los primeros mormones en establecerse a lo largo de la costa norte de California, sino también los primeros colonos anglosajones en esta zona. Llegaron el 31 de julio, apenas tres semanas después de que se izara la bandera estadounidense sobre lo que había sido territorio mexicano. (6)

 

 



[1] B. H. Roberts, A Comprehensive History of The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, 6 vols., 3:, p.28 - 29 

[2] Hansen Dialogue. pp. 49-50.

[3] Hansen Dialoge. p. 59

[4] Lorin K. Hansen. Voyage of the Brooklyn.  Dialogue: A Journal of Mormon Thought. Pp. 58-9.

[5] Church news Week Ending Octiber 31, 1996. p. 10.

[6] Church News Week Ending August 10, 1996 p. 8.


¡Él es Soviesky!

    ALGO MUY BUENO Historia de la Iglesia en Chile y Latinoamérica   ¡Él es Soviesky!     Élder Joseph Melvin Thompson. ...