martes, 27 de mayo de 2025

La Doctrina Mormona y el Pueblo de Israel

 

ASOCIACIÓN DE ADMINISTRACIÓN Y NEGOCIOS

UNIVERSIDAD DE BRIGHAM YOUNG

Capítulo Santiago–Chile


La Doctrina Mormona y el Pueblo de Israel

 

Por

Rodolfo Acevedo

(1951–2012)

Historiador del Área de Chile

 

Simposio de Religión — Octubre 1993

Capilla de Providencia, Av. Pocuro 1980 — Santiago, Chile

 

Publicado en:

Registros, Investigaciones, Traducciones y Escritos del Historiador Chileno Rodolfo Acevedo

legadorodolfoacevedo.blogspot.com  ·  27 de mayo de 2025

 

Contexto del Evento

 

 

En el mes de octubre de 1993 se me invitó a participar como orador en un Simposio de Religión organizado por la Asociación de Administración y Negocios de la Universidad de Brigham Young, Capítulo Santiago-Chile, la cual era presidida por el hermano Juan Carlos Castillo. El tema para desarrollar fue "El pueblo de Israel, un enfoque a su Historia y Teología".

Esta actividad se realizó en la capilla de Providencia ubicada en Av. Pocuro 1980 y también contó con la participación de don Jaime Moreno Garrido, un Doctor en Teología y Profesor de Historia y Literatura Antigua del Centro de Estudios Judaicos de la Universidad de Chile, quien expuso el tema "Cronología Histórica del Pueblo Israelita y sus Aportes a la Humanidad"; y de don Esteban Veghazi, rabino y profesor de Historia de Israel en la Universidad Católica de Chile, sede Campus Oriente, quien tocó el tema "Teología y Tradiciones Judías".

A mí me correspondió abordar el tema "La Doctrina Mormona y el Pueblo de Israel". Comencé señalando que el 10º Artículo de Fe detalla algunos de los más grandes movimientos que todavía están por realizarse, y nos da una visión de la misión y obra de la Iglesia:

“"Creemos en la congregación literal del pueblo de Israel y en la restauración de las Diez Tribus; que Sión (la Nueva Jerusalén) será edificada sobre el continente americano; que Cristo reinará personalmente sobre la tierra, y que la tierra será renovada y recibirá su gloria paradisíaca."”  — 10º Artículo de Fe

De gran ayuda para esta presentación fue el folleto "Los Mormones y el Pueblo Judío" que conocí y leí por primera vez durante mi misión (1974–1976) y que usé también para enseñar y compartir con personas de esa nacionalidad y fe. La historia y destino del pueblo del convenio de Dios es la historia de la dispersión y del recogimiento. Esto resulta de particular interés para los Santos de los Últimos Días.

El texto que presento a continuación fue la columna vertebral de mi presentación, en la cual sentí el espíritu del Señor mientras hablaba y observaba las expresiones de asentimiento de los miembros de la colectividad judía presente. Uno de ellos se me acercó al final y me dijo que veía en los miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días a sus amigos.

 

I. Los Convenios del Evangelio y los Patriarcas

 

 

Inicié mi presentación señalando que los convenios del evangelio fueron primero establecidos con Adán. En ese tiempo, sin embargo, Caín encabezó una rebelión entre algunos de los de la posteridad de Adán, una oposición que continuó creciendo hasta los días de Enoc. El rasgo distintivo de Enoc es que estableció un pueblo que finalmente fue tomado de la tierra a causa de su rectitud.

Eventualmente, solo un remanente del pueblo del convenio — Noé y su familia — fueron librados del juicio del diluvio. Su rectitud, sin embargo, no fue una garantía para sus hijos: hubo entre ellos aquellos que honraron el convenio y aquellos que no lo honraron, separándose primero en sus valores y luego literalmente mientras su lenguaje era confundido en la torre de Babel.

Sabemos del remanente de dos familias que sobrevivieron a este tiempo de caos: la familia de Sem, el Patriarca presidente que sucedió a Noé, y la familia de Jared, que finalmente arribó a una tierra escogida en el continente americano, cuya historia encontramos relatada en el libro de Éter en el Libro de Mormón:

“Y dicho Jared vino de la gran torre con su hermano y sus familias, y con algunos otros y sus familias, en la época en que el Señor confundió el lenguaje del pueblo, y juró en su ira que serían dispersados por toda la superficie de la tierra; y conforme a la palabra del Señor fue dispersada la gente.”  Éter 1:33

Las Promesas a Abraham

A pesar de los peligros de la apostasía, el convenio del evangelio pasó de Sem a Abraham, cuyo nombre Abram (Padre Enaltecido) fue cambiado al de Abraham (Padre de una Multitud):

“Y no se llamará más tu nombre Abram, sino que será tu nombre Abraham, porque te he puesto por padre de muchedumbre de gentes.”  Génesis 17:5

Para los Santos de los Últimos Días, Abraham es un punto focal de nuestra historia de convenios. La Biblia describe las bendiciones del Señor concedidas a causa de su fe y obediencia. Las promesas hechas por Jehová al padre Abraham son cuatro:

Promesa 1 — La tierra:

“Y Jehová dijo a Abram, después que Lot se apartó de él: Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente. Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre.”  Génesis 13:14–15

Promesa 2 — La descendencia:

“Y haré tu descendencia como el polvo de la tierra; que si alguno puede contar el polvo de la tierra, también tu descendencia será contada.”  Génesis 13:16

Promesa 3 — El pacto perpetuo:

“Y estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu descendencia después de ti en sus generaciones, por pacto perpetuo, para ser tu Dios, y el de tu descendencia después de ti.”  Génesis 17:7

Promesa 4 — La bendición universal:

“En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz.”  Génesis 22:18

El Señor también reveló que la semilla de Abraham iría exiliada a Egipto (Génesis 15:13), pero que en la cuarta generación regresarían (Génesis 15:16). La extensión de la descendencia de Jacob (también conocido como Israel), nieto de Abraham, sería hacia todos los puntos cardinales, y todas las familias de la tierra serían bendecidas (Génesis 28:14).

Los hijos de Israel llegaron a Egipto primero como huéspedes para luego quedar cautivos. Generaciones después, Moisés los restauró a su tierra prometida, entregándoles una ley menor que los prepararía para el advenimiento del Mesías. Sin embargo, como nación sufrieron en períodos de desobediencia y rebeliones, iniciándose una nueva dispersión del pueblo de Dios. Moisés profetizó al respecto:

“Y Jehová os esparcirá entre los pueblos, y quedaréis pocos en número entre las naciones a las cuales os llevará Jehová tu Dios.”  Deuteronomio 4:27

 

II. La Monarquía y la División del Reino

 

 

A pesar de las desobediencias a los convenios y la privación de liderazgo profético por un tiempo, un poderoso reino emergió. Bajo la dirección de Saúl, David y Salomón, Israel llegó a ser un próspero y poderoso pueblo. El período de la Monarquía es conocido como la época de oro de Israel, ya que todas las tribus quedaron reunidas bajo un monarca.

Sin embargo, la violación de la ley divina resultó en la formación de dos estados separados: el reino del norte, llamado Israel (también Efraín y posteriormente Samaria), y el reino del sur, conocido como Judá:

“Y tomando Ahías la capa nueva que tenía sobre sí, la rompió en doce pedazos, y dijo a Jeroboam: Toma para ti los diez pedazos; porque así dijo Jehová Dios de Israel: He aquí que yo rompo el reino de la mano de Salomón, y a ti te daré diez tribus; y el tendrá una tribu por amor a David mi siervo, y por amor a Jerusalén, ciudad que yo he elegido de todas las tribus de Israel.”  1 Reyes 11:30–32

Jeroboam fue el primer gobernador del nuevo Israel, el cual comprendió las diez tribus del norte. Él temió la influencia del Templo de Salomón ubicado en Jerusalén, capital de Judá, e ilegalmente excomulgó al sacerdocio autorizado y estableció una nueva religión del estado, de adoración idólatra con un seudo-sacerdocio. Su acto precipitó la migración de los despojados levitas y de muchos creyentes hacia Judá.

Una serie de naciones asirias finalmente concluyó con el exilio de la mayoría de las diez tribus hacia Asiria. En este punto ellos están perdidos de los registros sagrados, aun cuando hay profecías de su regreso desde el norte en los últimos días:

“He aquí yo los hago volver de la tierra del norte, y los reuniré de los fines de la tierra, y entre ellos ciegos y cojos, la mujer que está encinta y la que dio a luz juntamente; en gran compañía volverán acá.”  Jeremías 31:8

El Salvador también hizo alusión a las tribus perdidas durante su visita a América:

“Pero ahora voy al Padre, y también voy a mostrarme a las tribus perdidas de Israel, porque no están perdidas para el Padre, pues él sabe donde las ha llevado.”  3 Nefi 17:4

La Dispersión de Judá

El deterioro espiritual y moral del reino de Judá fue más gradual. La introducción de prácticas idólatras finalmente resultó en su dispersión y destrucción a manos de Babilonia. Es en este momento cuando Lehi y su familia, y poco después Mulek, hijo de Sedequías, abandonan Jerusalén, cuya historia se halla relatada en el Libro de Mormón.

Tres olas de deportaciones llevaron a miles del Reino del Sur al exilio en Babilonia y provocaron la destrucción del Templo de Salomón. Ezequiel, entre los refugiados en Babilonia, profetizó que el Señor continuaría con la dispersión del Reino de Judá:

“Y sabrán que yo soy Jehová, cuando los esparciere entre las naciones, y los dispersare por la tierra.”  Ezequiel 12:15

Decretos de Ciro y Darío permitieron a Judá regresar a su tierra y reconstruir el templo, pero una vez allí nuevamente surgieron apostasías. Después de los persas, los griegos bajo Alejandro el Grande conquistaron el área, seguidos a su vez por los Ptolomeos. La pequeña nación de Judá en Palestina fue luego tomada por los griegos seléucidas, gobernantes tiránicos e intolerantes.

El celo religioso judío y el nacionalismo hizo irrupción con la revuelta de los Macabeos, quienes lograron un pequeño período de independencia. Sin embargo, las luchas internas llevaron al pueblo a caer bajo el dominio romano antes del tiempo de Cristo.

En el año 67 d.C., Nerón envió a Vespasiano a Galilea para reprimir una rebelión. Vespasiano avanzó hasta las murallas de Jerusalén, encontrando tres facciones rivales luchando dentro de la ciudad por el control del templo. Aisló Jerusalén y dejó a los habitantes morir de hambre mientras sometía los países vecinos. Para el año 70 d.C., Nerón había muerto y Vespasiano había sido proclamado emperador, delegando en Tito la toma de la ciudad. Cuando cayó Jerusalén y el templo fue destruido, solo quedó de Israel la ley para unir al pueblo esparcido. La catastrófica conquista romana del 70 d.C. les llevó al esparcimiento final de la tierra prometida: la diáspora del pueblo judío hasta nuestros días.

 

III. Los Mormones y el Pueblo Judío

 

 

Jacob reunió a sus hijos y les declaró lo que habría de acontecer en los días venideros:

“Juntaos, y os declararé lo que os ha de acontecer en los días venideros. Juntaos y oíd, hijos de Jacob. Y escuchad a vuestro padre Israel.”  Génesis 49:1–2

Las bendiciones pronunciadas por Jacob sobre Judá (Génesis 49:9–12) y sobre José (Génesis 49:22–26) son de especial significado. La descendencia de José buscaría una tierra nueva, en el fin de los collados eternos. Moisés da mayor claridad a este concepto en Deuteronomio 33:13–17.

Israel: Un Término de Doble Alcance

El término Israel se usa con frecuencia para referirse a toda la casa de Israel, aun cuando ya estaban divididos en dos reinos. Hoy día la designación Israel tiende a aplicarse a Judá, por haber conservado su identidad como raza.

Amós profetizó del reino de Israel esparcido entre las naciones gentiles (Amós 9:8–9), y el esparcimiento de Judá también fue profetizado en 2 Reyes 23:27. También se anunció que habrían de escribirse dos anales de los hijos de Israel (Ezequiel 37:15–20). La escritura que usa el pueblo judío no contiene ninguna historia de la casa de José después del año 721 a.C. Esa historia de José ha salido a la luz: es el Libro de Mormón.

El Libro de Mormón como Prodigio

El ángel Moroni entregó a José Smith el Urim y Tumim, por medio del cual pudo traducir al idioma inglés los grabados sobre las planchas. Isaías describió este prodigio grande:

“Por tanto, el Señor dijo: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí... por tanto, he aquí que nuevamente excitaré yo la admiración de este pueblo con un prodigio grande y espantoso.”  Isaías 29:13–14

Según el análisis del texto bíblico, Isaías parece mirar en un futuro algo lejano (Isaiah 29:1–4) y ver la destrucción de un pueblo semejante al pueblo de Jerusalén; después de su destrucción, ese pueblo hablaría desde la tierra. El libro que habló de la tierra no puede ser otro que el Libro de Mormón, el cual José Smith desenterró en el cerro Cumorah. El prodigio grande descrito por Isaías no es ni más ni menos que el establecimiento del reino de Dios sobre la tierra.

El Reino de Dios en los Postreros Días

El profeta Daniel predijo el establecimiento y caída final de los reinos de este mundo y la institución final del reino de Dios "en los postreros días" (Daniel 2:28, 34–35, 44). Este es el mensaje de José para Judá: el Dios del cielo ha establecido su reino en la tierra de acuerdo con su promesa.

El Señor levantó un profeta de los lomos de José, un vidente escogido como Moisés. El profeta Lehi era descendiente de José (2 Nefi 3:3–16). Además de la visita del ángel Moroni, también Elías el profeta, según la promesa de Malaquías (Malaquías 4:5–6), visitó a José Smith. Por ello los Santos edificamos templos.

Moroni recitó muchos pasajes de las escrituras a José Smith, entre ellos Isaías 11:11–13. Moisés confirió a José Smith las llaves del recogimiento.

 

IV. La Misión de Orson Hyde a Tierra Santa

 

 

El profeta José Smith mandó a un apóstol, Orson Hyde, a Tierra Santa en 1841, donde este dedicó el país para el regreso de los hijos de Judá.

Antecedentes de la Misión

La Oración Dedicatoria de Orson Hyde fue ofrecida el domingo 24 de octubre de 1841. En ese entonces los Santos se encontraban en Illinois, habiendo sido expulsados previamente de Ohio y Misuri. En Illinois habían fundado la ciudad de Nauvoo (raíz hebrea que significa "Hermosa"), a orillas del río Misisipi.

Desde su establecimiento en 1830, la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días había mostrado profundo interés en el Cercano Oriente. Las escrituras provenían de allí, y los lugares donde las más queridas historias judías y cristianas habían sucedido estaban impregnados de significado sagrado. Los textos bíblicos y el Libro de Mormón predecían un importante papel futuro del Cercano Oriente en el plan divino.

Las escrituras profetizaban que los judíos regresarían de la diáspora (Isaías 11:11–12; 1 Nefi 22:25; 3 Nefi 16:5). Esto sería parte de un recogimiento general a dos grandes centros (D. y C. 133:12–14; D. y C. 45:24–25; 3 Nefi 20:28–29; 3 Nefi 21:22–29).

En 1832, el profeta José Smith puso sus manos sobre la cabeza de un nuevo converso llamado Orson Hyde y le dijo: "En el debido tiempo irás a Jerusalén, la tierra de tus padres, y por tus manos el más alto Dios hará una gran obra que preparará el camino y facilitará grandemente el recogimiento de ese pueblo."

El 6 de agosto de 1833, el Señor habló a José Smith en una revelación y le mandó llevar el evangelio al pueblo judío (D. y C. 98:16–17). En la Dedicación del Templo de Kirtland, el 27 de marzo de 1836, se oró por el pueblo de Israel (D. y C. 109:61–64). El 3 de octubre de 1836, Moisés entregó las llaves del recogimiento (D. y C. 110:11). Elías también vino durante la estación de la Pascua, lo cual resulta significativo.

Durante la Conferencia de abril de 1840 se votó y aprobó la misión de Orson Hyde a las naciones del Mediterráneo y del Cercano Oriente. En una ocasión José Smith declaró: "La nación judía ha sido esparcida entre los gentiles por un largo período; y en nuestra estimación, el tiempo del comienzo de su regreso a la tierra santa ya ha llegado."

El Viaje de Hyde

Orson Hyde en Nueva York no tenía dinero para costear el pasaje a Europa. Viajó a Pensilvania, y en una reunión en Filadelfia un desconocido puso en sus manos un bolso de oro con el simple pedido de que cuando estuviera en Jerusalén orara por él.

Después se embarcó para Liverpool, Inglaterra. Allí le escribió al rabino mayor de Inglaterra, Samuel Hirshell: "El tiempo ha llegado cuando la estrella de la libertad ya ha comenzado a disipar la oscuridad y las oscuras nubes que los han separado a ustedes del favor de Dios."

Viajó por Europa y Asia Menor, siendo el primer misionero mormón por esas latitudes. Trabajó en Rotterdam y Fráncfort. Viajó desde Viena a Rumania, de allí a Estambul (capital del Imperio Otomano, que había servido previamente bajo el nombre de Constantinopla como capital del Imperio Bizantino). Luego viajó por mar a Esmirna y de Esmirna a Beirut.

Finalmente, a fines de octubre de 1841, el barco del élder Hyde llegó al puerto de Jaffa. Había pasado un año y medio desde que saliera de Nauvoo. Jerusalén tenía entonces cerca de 20,000 habitantes, de los cuales 10,000 eran judíos, muchos de ellos gente anciana que había venido a la tierra sagrada de sus ancestros a morir.

El Élder Hyde cumplió la más peligrosa misión en la historia de la Iglesia para ese tiempo: cubrió 20,000 millas, proclamó el evangelio por primera vez en Europa continental, Turquía, Palestina y Egipto, y estuvo lejos de su familia por tres años.

Hoy día un jardín de 5¼ acres conmemora la visita de Orson Hyde en 1841. Cubre parte del Monte de los Olivos, cerca del Jardín de Getsemaní.

 

V. Proclamaciones y Redediciones de Tierra Santa

 

 

En medio de la persecución, en 1845, los apóstoles hicieron la siguiente proclamación al mundo:

“Que los judíos entre todas las naciones son mandados, en el nombre del Mesías, a preparar el regreso a Jerusalén en Palestina, reconstruir esa ciudad y el templo del Señor, y también organizar y establecer su propio gobierno político bajo sus propios gobernantes y jueces y gobernadores en ese país. Porque sabrán que tenemos las llaves del sacerdocio y del reino que están pronto para ser restaurados a ellos. Por lo tanto, hazles que se arrepientan, y se preparen para obedecer las ordenanzas de Dios.”  The Latter-day Saints Millennial Star, 1845, England

Cuando los Santos abandonaron su templo en Illinois, se vieron a sí mismos como un moderno campo de Israel, guiado por un Moisés americano hacia las cumbres de las Montañas Rocosas. Sufrieron el éxodo forzado desde Nauvoo, colonizaron las nuevas tierras e idearon sistemas de irrigación. En remembranza de Palestina, cuando vieron un río de aguas frescas conectado a un lago salado le llamaron Río Jordán. Fundaron ciudades con nombres de Enoc, Efraín, Hebrón, Jericó, Jerusalén, Pequeña Sión, Manasés, Moab, Ofir, Salem; y bautizaron montañas con nombres de Canaán, Carmelo, Gog y Magog, Nebo y Pisgah.

Cronología de las Redediciones

1872: Otra misión apostólica fue enviada a Palestina para rededicar Tierra Santa para el regreso de Judá.

1873 (2 de marzo): El Presidente George Albert Smith rededica la tierra de Palestina para el regreso de los judíos.

1898 (8 de mayo): El Élder Anthon H. Lund del Quórum de los Doce rededica la tierra desde el Monte de los Olivos.

1902 (marzo): Francis M. Lyman, presidente de los Doce, dedica la tierra en 3 ocasiones diferentes y en tres sitios diferentes.

1921 (3 de noviembre): El Élder David O. McKay ofrece una oración en el Monte de los Olivos, en agradecimiento a Dios.

1927 (18 de octubre): El Élder James E. Talmage, desde la cumbre del Monte Carmelo, rededica la tierra para la redención de Judá.

1933 (mayo): John A. Widtsoe dedica la tierra una vez más en el Monte de los Olivos.

 

En el contexto de esas redediciones, el Presidente George Albert Smith expresó:

“Elevamos nuestras oraciones a Dios para que te preserve y confunda a tus enemigos. Sentimos en nuestros corazones que Sión está progresando, y que ningún poder detendrá su progreso, que el día no está distante cuando Israel se reunirá, y aquellas tierras comenzarán a abundar con un pueblo que adorará a Dios y guardará sus mandamientos; que la plenitud y las bendiciones de la eternidad serán derramadas abundantemente sobre la tierra desértica, y que todas las profecías concernientes a la restauración de la casa de Israel serán cumplidas.”  Journal of Discourses, 16:102

 

VI. La Iglesia en Palestina

 

 

La predicación del evangelio restaurado a los habitantes de Palestina, aun cuando no directamente a los judíos, comenzó en 1884. En Haifa se organizó la primera Rama de la Iglesia; se bautizaron conversos de Rusia, Alemania y también un árabe. Por esos años dos misioneros murieron: uno de viruela y el otro de tifus.

“Aun cuando muertos, estos élderes sirvieron a su Iglesia — no solo proveyeron un ejemplo de sacrificio, sino que años después, cuando el asunto del reconocimiento oficial para la Iglesia surgió en la nación de Israel, las tumbas de los élderes Haag y Clark en Haifa fueron evidencia de que la Iglesia había estado activamente establecida en la tierra antes de la partición de Palestina y la organización del Estado de Israel — condición requerida para el reconocimiento.”  — Fuentes históricas de la Iglesia

En 1898 hubo un intento de establecer una colonia mormona en Palestina, impedido por la precaria situación financiera de la Iglesia durante los tiempos del Presidente Lorenzo Snow. En 1909 la Misión de Turquía que atendía la región es cerrada por problemas políticos.

En 1921 la Iglesia vuelve a la región y se crea la Misión Armenia. La Rama de Haifa había desaparecido a causa de la Primera Guerra Mundial, el fin del Imperio Otomano y la violencia entre árabes y judíos.

La Profética Conversación del Élder McKay

El Élder David O. McKay en su visita de 1921 sostuvo con su guía árabe cristiano (llamado Miguel) una conversación profética. El guía insistía en que a los judíos nunca se les permitiría gobernar sobre Palestina. El apóstol respondió:

“"Miguel, aquí sobre las calles de David, este 2 de noviembre de 1921, quiero decirte algo que recordarás. No importa cuánto los mahometanos y los griegos cristianos se opongan al regreso de los judíos a Palestina: los judíos están regresando y poseerán estas tierras." El guía respondió con amargura: "Nunca. Las calles serán regadas con sangre primero." El apóstol replicó: "Las calles pueden, e indudablemente serán, regadas con sangre; pero eso no va a impedir que los judíos posean su tierra."”  — Élder David O. McKay, 1921

El guía admitió que la Biblia profetizaba la reconstrucción de Jerusalén, aunque insistía en que el tiempo no había llegado todavía. "Sí", contestó el Élder McKay, "el tiempo ha llegado."

Desarrollo Posterior

1927 — El Presidente de la Misión Europea James E. Talmage compra una casa de misión en Haifa.

1939 — La Segunda Guerra Mundial obliga al cierre de la Misión Siro-Palestina.

1947 — Dos años después del fin de la guerra es reabierta la Misión Siro-Palestina.

1950 — Se cierra la misión; quedan dependiendo de la Misión Suiza.

Fines de 1960 — La presencia de la Iglesia comienza a crecer a través de grupos de estudio de la Universidad de Brigham Young.

1972 — El Presidente Harold B. Lee organiza la Rama de Jerusalén y aprueba la costumbre de los miembros de realizar reuniones en sábado (el sábado judío), precedente para las ramas en países musulmanes que se reúnen los viernes.

24 de octubre de 1979 — Spencer W. Kimball dedica sitio en el Monte de los Olivos. Hoy día se encuentra allí el Orson Hyde Memorial Garden.

1980 — Ramas surgen en Tel Aviv, Haifa y Galilea.

21 de agosto de 1984 — Se da la primera palada para la construcción del Centro de Estudios del Cercano Oriente de la BYU (BYU Center for Near Eastern Studies).

 

VII. La Restauración de la Tierra Santa y el Recogimiento

 

 

El regreso de los judíos a Palestina es una cosa asombrosa. ¿Qué otra nación ha vuelto a vivir como un estado soberano más de dos mil años después de su desaparición? El Imperio de los Faraones se ha ido; nadie piensa en la resurrección del antiguo Imperio Babilónico. Mussolini trató de resucitar las glorias del Imperio Romano, y el Tercer Reich de Hitler reclamando restaurar el perdido Imperio Romano suponía que iba a durar mil años.

Pero el pequeño Israel — el pasadizo del mundo antiguo, asolado por los ejércitos de los reinos que le rodeaban, privado por muchos años de autogobierno y finalmente esparcido a los cuatro rincones del mundo, perseguido como ningún otro pueblo en la historia del mundo — el pequeño Israel conservó su identidad, y ahora está renaciendo como un estado.

“Así ha dicho Jehová el Señor: El día que os limpie de todas vuestras iniquidades, haré también que sean habitadas las ciudades, y las ruinas serán reedificadas. Y la tierra asolada será labrada... Y dirán: Esta tierra que era asolada ha venido a ser como huerto del Edén; y estas ciudades que eran desiertas y asoladas y arruinadas, están fortificadas y habitadas.”  Ezequiel 36:33–35

Nuestro mensaje como Santos de los Últimos Días al mundo es que el ciclo de reversión del proceso de esparcimiento del pueblo del convenio ha comenzado con el restablecimiento del evangelio a través del profeta José Smith. El 3 de abril de 1836 en el templo de Kirtland, Moisés se apareció y devolvió las llaves del recogimiento prometido:

“Después de cerrarse esta visión, los cielos nuevamente nos fueron abiertos; y se apareció Moisés ante nosotros y nos entregó las llaves del recogimiento de Israel de las cuatro partes de la tierra, y de la conducción de las diez tribus desde el país del norte.”  D. y C. 110:11

Esta promesa tenía raíces antiquísimas: Moisés había declarado que el Señor recogería a su pueblo de entre todos los pueblos adonde los hubiere esparcido (Deuteronomio 30:3). Ezequiel también había escrito de este recogimiento de las naciones hacia la propia tierra (Ezequiel 36:24). Y Jeremías había consolado: "El que esparció a Israel lo reunirá y guardará, como el pastor a su rebaño" (Jeremías 31:10). Del Libro de Mormón también se cita:

“Y levantará pendón a las naciones, y congregará a los desterrados de Israel, y reunirá a los dispersos de Judá de los cuatro cabos de la tierra.”  2 Nefi 21:12

Concerniente a estas escrituras, el Presidente Kimball expresó: "El recogimiento de Israel está ahora progresando. Cientos de miles de personas han sido bautizadas en la Iglesia; millones más se unirán a la Iglesia. Esta es la manera en que congregaremos a Israel: será hecho por la obra misional. Un estandarte será levantado como un emblema a las naciones que llevará al recogimiento. Este emblema es el evangelio del Salvador. El Libro de Mormón es también un emblema a las naciones."

Por último, el Élder Bruce R. McConkie expresó el sentido pleno de la palabra "recogimiento":

“Ahora llamo vuestra atención a los hechos señalados en estas escrituras: que el recogimiento de Israel consiste en unirse a la verdadera Iglesia, de llegar al conocimiento verdadero de Dios y de sus verdades salvadoras, y de adorarle a Él en las congregaciones de los Santos en todas las naciones y entre todos los pueblos.”  — Élder Bruce R. McConkie

 

El recogimiento físico y espiritual del pueblo de Israel se está produciendo. Así como en 1830 fue restaurada la Iglesia de Jesucristo en la tierra, y con ella los poderes del sacerdocio y las llaves del recogimiento; también el 14 de mayo de 1948 fue proclamado el Estado de Israel, lugar de recogimiento de Judá y de toda la Casa de Israel, después de más de dos mil años de esparcimiento entre las naciones de la tierra.

 

Anexo: Publicación en Church News

 

 

Como eco de esta actividad, el Church News publicó en Salt Lake City el día 22 de enero de 1994 lo siguiente en su sección "From Around The World: South America South Area":

 

Texto original en inglés — Church News, 22 de enero de 1994

BYU society meets in Chile.

SANTIAGO, CHILE. The Rabbi Esteban Veghazi was the featured speaker at a recent meeting of the Santiago Chapter of the BYU Management Society. He spoke of the historical significance of Judaism, and how it is the spiritual foundation for the beliefs of millions of people since the Old Testament patriarchs.

About 70 LDS professionals attended the meeting, as well as various representatives of the Chile-Israel Institute of Culture of Santiago.

The meeting, held in a meetinghouse in the Providencia section of Santiago, also featured the Church's area historian, Rodolfo Acevedo, who spoke on "Mormons and the House of Judah," and spoke of the many descendants of the House of Israel in the Church.

At the conclusion of Brother Acevedo's remarks Rabbi Veghazi reaffirmed his opinion that many people with the blood of Israel, who brought with them their traditions, lived in the Americas before the coming of Christopher Columbus.

Also speaking at the event was Jaime Moreno, professor at the University of Chile, who presented a scientific look at the scriptures.

 

Traducción al español

Sociedad de BYU se reúne en Chile

SANTIAGO, CHILE. El Rabino Esteban Veghazi fue el orador principal en una reciente reunión del capítulo Santiago de la Sociedad de Administración de BYU. Habló sobre la importancia histórica del judaísmo y cómo este constituye la base espiritual de las creencias de millones de personas desde los tiempos de los patriarcas del Antiguo Testamento.

Aproximadamente 70 profesionales Santos de los Últimos Días asistieron al evento, junto con varios representantes del Instituto Chileno-Israelí de Cultura de Santiago.

La reunión, que se llevó a cabo en una capilla ubicada en el sector de Providencia en Santiago, también contó con la participación del historiador de área de la Iglesia, Rodolfo Acevedo, quien habló sobre "Los mormones y la Casa de Judá", destacando la presencia de numerosos descendientes de la Casa de Israel dentro de la Iglesia.

Al concluir los comentarios del hermano Acevedo, el Rabino Veghazi reafirmó su opinión de que muchas personas con sangre de Israel, que trajeron consigo sus tradiciones, vivieron en las Américas antes de la llegada de Cristóbal Colón.

También intervino en el evento Jaime Moreno, profesor de la Universidad de Chile, quien presentó una mirada científica sobre las escrituras.

 

 

 

Rodolfo A. Acevedo

Historiador del Área de Chile

Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

(1951–2012)

 

 

 

Legado digital publicado en:

Registros, Investigaciones, Traducciones y Escritos del Historiador Chileno Rodolfo Acevedo

https://legadorodolfoacevedo.blogspot.com

27 de mayo de 2025


jueves, 22 de mayo de 2025

Establecimiento de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en Chuquicamata.

 

 Establecimiento de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en Chuquicamata.


Por

Rodolfo A. Acevedo A.

15 de mayo de 2006. 

 

MORMONES FORMARAN MISION EN CHUQUI

 

Vista de Chuquicamata desde el Hospital Glover

 

“Se encuentran en Chile y en estos días en el mineral, procedentes de los  Estados Unidos, los señores James Wagner, Eddie Clothier, D. A. Winegar y Morris Pool.

Pertenecen a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días conocida como Mormona. El objeto de su visita es tomar los contactos necesarios para formar en Chuquicamata misiones de esta iglesia de la que ya tienen en otros puntos del país.

Con tal motivo, desearían vivir por determinados períodos en los hogares de los trabajadores de CEC, pagando – obviamente la pensión correspondiente. Ellos quieren conocer sus costumbres, su idiosincrasia, sentirse en el ambiente chileno.

Ruegan, en consecuencia  ubicarlos en Apartado D-13,  Correo Local y solicitan la colaboración de la colectividad para facilitarles la tarea.

En un futuro cercano visitará el mineral el Presidente de la Iglesia, señor Robert Burton.[1]

 

 

Los primeros misioneros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días llamados a servir en Chuquicamata fueron los élderes Wagner, Poole, Winegar y Clothier.

El día 13 de julio de 1967 los misioneros mormones iniciaron su servicio en esta ciudad minera del norte de Chile. El élder Wagner viajó desde La Serena a Chuquicamata para servir como el Presidente de la Rama que recién se abría y su compañero sería el élder Poole, quien a su vez había viajado desde la Rama de República en Santiago hasta esta nortina ciudad.

Por su parte el Ëlder Winegar quien serviría como Élder Presidente viajó desde la Rama de La Cisterna en Santiago hasta Chuquicamata para servir junto al élder Clothier, quien también viajó desde Santiago tras servir en la Rama de Colón.

Los misioneros mormones cumplen el mandato del Señor de ir de dos en dos y en los inicios de la obra misional de Chuquicamata esto no sería una excepción. Aquí había dos parejas de misioneros listos para iniciar una obra grande y maravillosa en este rincón árido y rico de nuestra nación Chilena.

El día 31 de septiembre de 1967 se informaba con este titular el arribo de la Iglesia Mormona a Chuquicamata:

 

AVANZADA DE LA IGLESIA MORMONA EN CHUQUICAMATA.

 

            Con el objeto de fundar en Chuquicamata una sede de la Iglesia Mormona y realizar otro tanto en Calama, se encuentra desde hace algunos días en este mineral una misión formada por los jóvenes norteamericanos Élder Wagner, Élder Poole, Élder Clothiers y Élder Winegar.

            Comenzaron ya su trabajo de proselitismo, siendo los primeros de este movimiento religioso en el Departamento. Para difundir sus ideas usarán la Iglesia Universal[2] de Chuquicamata.

 

 

Interior Iglesia Universal de Chuquicamata

 

            Elder Wagner nos habló de lo que ya hicieron en Chile. En nuestro país tienen 10 mil miembros en iglesias repartidas a lo largo de la nación. En el norte están asentados en Arica, Iquique, Antofagasta y La Serena. Por el sur llegan hasta Puerto Montt.

            El joven misionero explica con énfasis:”Nuestra organización se llama ‘La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días’… Nosotros creemos que el núcleo principal es la familia. Tenemos un profeta viviente, es el Presidente de la Iglesia, David O’McKay de 93 años de edad. Lo acompaña un quórum de 12 apóstoles vivientes, que dirigen la misión alrededor del mundo. Comenzó nuestra Iglesia en 1830, con 6 miembros, por medio del profeta José Smith. Actualmente somos 3 millones de miembros activos en el mundo. Los miembros de nuestra iglesia no beben licor, té ni café y no fuman…”

            Más adelante, en nuestra conversación, Élder Wagner (Élder es un grado en el sacerdocio mormón) agregó: “Nos basamos en 13 creencias principales[3]. No somos ni protestantes ni católicos, nuestra Iglesia es la Iglesia de Jesucristo restaurada. El profeta José Smith, al visitar en 1820 las iglesias de Nueva York, encontró que existía en ellas nada más que confusión. Al orar en un bosque para pedir a Dios le indicara cual era la mejor, una luz descendió de los cielos y el Padre y el Hijo le indicaron que fundara una”.[4]

 

 

Bautismo Mormón en el Río Loa

Noviembre de 1968

 

 

Los integrantes de la Iglesia Mormona que realizan un activo trabajo de evangelización y extensión religiosa en el Departamento El Loa, efectuaron recientemente el bautizo de tres fieles en las cercanías del Río Loa.

            Después nos da otros detalles, para información de nuestros lectores: “Nosotros somos sacerdotes que tenemos una misión de dos años, fuera de nuestro hogar, sin recibir sueldo ni ayudas. No podemos trabajar en Chile, porque una ley no lo permite. Todo lo pagamos de nuestro bolsillo. Sin embargo, cuando hay miembros que salen en misión y no pueden sufragar sus gastos, tenemos gente que contribuye a ellos. Nuestra Iglesia tiene en Chile escuelas y liceos, al igual que en el resto del mundo. En Estados Unidos tenemos una Universidad, la Universidad de Brigham Young, con 21 mil estudiantes, es la más grande del mundo sostenida por una Iglesia. En ella hay estudiantes chilenos y no tienen necesariamente que pertenecer a NUESTRA ASOCIACIÓN”.

            Finaliza, diciendo Élder Wagner: “Estamos visitando los hogares de Chuquicamata y Calama para hacerles dos preguntas principales:

1 ¿Cuanto sabe de la Iglesia Mormona?  y

2. ¿Le gustaría saber más?

Estamos seguros que dentro de poco, con nuestro trabajo lograremos tener miembros activos de nuestra Iglesia”

            Para 1968 la Rama de Chuquicamata ya está organizada y cuenta entre sus líderes a ciudadanos chilenos. La siguiente era la Presidencia de la Rama de Chuquicamata en septiembre de 1968, la que actuaba como una dependencia del Distrito de Antofagasta y de la Misión Chilena de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, a tan solo un año de establecida la Iglesia en esa zona:


            Presidencia de la Rama de Chuquicamata 

Presidente. Polibio González.

Primer Consejero: Heriberto Reygada

Segundo Consejero: Mark Udy.

Información presentada al Sr. Alejandro Mihovilovich Gratz

Director

Galería de la Historia de Concepción.

Concepción.

Por

Rodolfo A. Acevedo A.

15 de mayo de 2006.

En el año de los 50 años del Establecimiento de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en Chile.

1956 - 2006

 

 

 



NOTAS

 

 

 

[1] Semanario Oasis.. Chuquicamata. 22 de julio de 1967. p. 8.

 

[2] Esta cita a la Iglesia Universal de Chuquicamata puede resultar de especial interés para la investigación del  Sr. Mihovilovich.

 

[3] Élder Wagner aquí hizo referencia a los 13 Artículos de Fe de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días  los cuales cito a continuación:

 

1  Nosotros creemos en Dios el Eterno Padre, y en su Hijo Jesucristo, y en el Espíritu Santo.

2  Creemos que los hombres serán castigados por sus propios pecados, y no por la transgresión de Adán.

3  Creemos que por la Expiación de Cristo, todo el género humano puede salvarse, mediante la obediencia a las leyes y ordenanzas del Evangelio.

4  Creemos que los primeros principios y ordenanzas del Evangelio son: primero, Fe en el Señor Jesucristo; segundo, Arrepentimiento; tercero, Bautismo por inmersión para la remisión de los pecados; cuarto, Imposición de manos para comunicar el don del Espíritu Santo.

5  Creemos que el hombre debe ser llamado por Dios, por profecía y la imposición de manos, por aquellos que tienen la autoridad, a fin de que pueda predicar el evangelio y administrar sus ordenanzas.

6  Creemos en la misma organización que existió en la Iglesia Primitiva, esto es, apóstoles, profetas, pastores, maestros, evangelistas, etc.

7  Creemos en el don de lenguas, profecía, revelación, visiones, sanidades, interpretación de lenguas, etc.

8  Creemos que la Biblia es la palabra de Dios hasta donde esté traducida correctamente; también creemos que el Libro de Mormón es la palabra de Dios.

9  Creemos todo lo que Dios ha revelado, todo lo que actualmente revela, y creemos que aún revelará muchos grandes e importantes asuntos pertenecientes al reino de Dios.

10  Creemos en la congregación literal del pueblo de Israel y en la restauración de las Diez Tribus; que Sión (la Nueva Jerusalén) será edificada sobre el continente americano; que Cristo reinará personalmente sobre la tierra, y que la tierra será renovada y recibirá su gloria paradisíaca.

11  Reclamamos el derecho de adorar a Dios Todopoderoso conforme a los dictados de nuestra propia conciencia, y concedemos a todos los hombres el mismo privilegio: que adoren cómo, dónde o lo que deseen.

12  Creemos en estar sujetos a los reyes, presidentes, gobernantes y magistrados; en obedecer, honrar y sostener la ley.

13  Creemos en ser honrados, verídicos, castos, benevolentes, virtuosos y en hacer el bien a todos los hombres; en verdad, podemos decir que seguimos la admonición de Pablo:  Todo lo creemos, todo lo esperamos; hemos sufrido muchas cosas, y esperamos poder sufrir todas las cosas.  Si hay algo virtuoso, o bello, o de buena reputación, o digno de alabanza, a esto aspiramos.

3 El siguiente es el relato personal del Profeta José Smith: 

1  Debido a las muchas noticias que personas mal dispuestas e insidiosas han hecho circular acerca del origen y progreso de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, con las cuales sus autores han intentado combatir su reputación como Iglesia y su progreso en el mundo, se me ha persuadido a escribir esta historia para sacar del error a la opinión pública y presentar a los que buscan la verdad los hechos tal como han sucedido, tanto en lo concerniente a mí, así como a la Iglesia, y lo hago hasta donde el conocimiento de estos hechos me lo permite.

2  En este relato presentaré con verdad y justicia los varios sucesos que con esta Iglesia se relacionan, tal como han sucedido, o como en la actualidad existen, siendo ocho, con éste [1838], los años que han transcurrido desde la organización de dicha Iglesia.

3  Nací en el año de nuestro Señor mil ochocientos cinco, el día veintitrés de diciembre, en el pueblo de Sharon, Condado de Windsor, Estado de Vermont. Tendría yo unos diez años de edad, cuando mi padre, que también se llamaba José [Joseph] Smith, salió del Estado de Vermont y se trasladó a Palmyra, Condado de Ontario (hoy Wayne), Estado de Nueva York. Como a los cuatro años de la llegada de mi padre a Palmyra, se mudó con su familia a Manchester, en el mismo Condado de Ontario.

4  Once personas integraban su familia, a saber, mi padre Joseph Smith; mi madre, Lucy Smith (cuyo apellido de soltera era Mack, hija de Solomon Mack); mis hermanos Alvin (fallecido el 19 de noviembre de 1823, a los veinticinco años de edad), Hyrum, yo, Samuel Harrison, William, Don Carlos, y mis hermanas Sophronia, Catherine y Lucy.

5  Durante el segundo año de nuestra residencia en Manchester, surgió en la región donde vivíamos una agitación extraordinaria sobre el tema de la religión. Empezó entre los metodistas, pero pronto se generalizó entre todas las sectas de la comarca.  En verdad, parecía repercutir en toda la región, y grandes multitudes se unían a los diferentes partidos religiosos, ocasionando no poca agitación y división entre la gente; pues unos gritaban: "¡He aquí!"; y otros: "¡He allí!" Unos contendían a favor de la fe metodista, otros a favor de la presbiteriana y otros a favor de la bautista.

6  Porque a pesar del gran amor expresado por los conversos de estas distintas creencias en el momento de su conversión, y del gran celo manifestado por los clérigos respectivos, que activamente suscitaban y fomentaban este cuadro singular de sentimientos religiosos —a fin de lograr convertir a todos, como se complacían en decir, pese a la secta que fuere— sin embargo, cuando los conversos empezaron a dividirse, unos con este partido y otros con aquél, se vio que los supuestos buenos sentimientos, tanto de los sacerdotes como de los conversos, eran más fingidos que verdaderos; porque siguió una escena de gran confusión y malos sentimientos —sacerdote contendiendo con sacerdote, y converso con converso— de modo que toda esa buena voluntad del uno para con el otro, si es que alguna vez la abrigaron, se había perdido completamente en una lucha de palabras y contienda de opiniones.

7  Por esa época tenía yo catorce años de edad. La familia de mi padre se convirtió a la fe presbiteriana; y cuatro de ellos ingresaron a esa iglesia, a saber, mi madre Lucy, mis hermanos Hyrum y Samuel Harrison, y mi hermana Sophronia.

8  Durante estos días de tanta agitación, invadieron mi mente una seria reflexión y gran inquietud; pero no obstante la intensidad de mis sentimientos, que a menudo eran punzantes, me conservé apartado de todos estos grupos, aunque concurría a sus respectivas reuniones cada vez que la ocasión me lo permitía. Con el transcurso del tiempo llegué a inclinarme un tanto a la secta metodista, y sentí cierto deseo de unirme a ella, pero eran tan grandes la confusión y la contención entre las diferentes denominaciones, que era imposible que una persona tan joven como yo, y sin ninguna experiencia en cuanto a los hombres y las cosas, llegase a una determinación precisa sobre quién tenía razón y quién no.

9  Tan grande e incesante eran el clamor y el alboroto, que a veces mi mente se agitaba en extremo. Los presbiterianos estaban decididamente en contra de los bautistas y de los metodistas, y se valían de toda la fuerza del razonamiento, así como de la sofistería, para demostrar los errores de aquéllos, o por lo menos, hacer creer a la gente que estaban en error. Por otra parte los bautistas y los metodistas, a su vez, se afanaban con el mismo celo para establecer sus propias doctrinas y refutar las demás.

10  En medio de esta guerra de palabras y tumulto de opiniones, a menudo me decía a mí mismo: ¿Qué se puede hacer? ¿Cuál de todos estos grupos tiene razón; o están todos en error? Si uno de ellos es verdadero, ¿cuál es, y cómo podré saberlo?

11  Agobiado bajo el peso de las graves dificultades que provocaban las contiendas de estos grupos religiosos, un día estaba leyendo la Epístola de Santiago, primer capítulo y quinto versículo, que dice: Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.

12  Ningún pasaje de las Escrituras jamás penetró el corazón de un hombre con más fuerza que éste en esta ocasión, el mío. Pareció introducirse con inmenso poder en cada fibra de mi corazón. Lo medité repetidas veces, sabiendo que si alguien necesitaba sabiduría de Dios, esa persona era yo; porque no sabía qué hacer, y a menos que obtuviera mayor conocimiento del que hasta entonces tenía, jamás llegaría a saber; porque los maestros religiosos de las diferentes sectas entendían los mismos pasajes de las Escrituras de un modo tan distinto, que destruían toda esperanza de resolver el problema recurriendo a la Biblia.

13  Finalmente llegué a la conclusión de que tendría que permanecer en tinieblas y confusión, o de lo contrario, hacer lo que Santiago aconsejaba, esto es, recurrir a Dios. Al fin tomé la determinación de "pedir a Dios", habiendo decidido que si él daba sabiduría a quienes carecían de ella, y la impartía abundantemente y sin reprochar, yo podría intentarlo.

14  Por consiguiente, de acuerdo con esta resolución mía de recurrir a Dios, me retiré al bosque para hacer la prueba. Fue por la mañana de un día hermoso y despejado, a principios de la primavera de 1820. Era la primera vez en mi vida que hacía tal intento, porque en medio de toda mi ansiedad, hasta ahora no había procurado orar vocalmente.

15  Después de apartarme al lugar que previamente había designado, mirando a mi derredor y encontrándome solo, me arrodillé y empecé a elevar a Dios el deseo de mi corazón. Apenas lo hube hecho, cuando súbitamente se apoderó de mí una fuerza que me dominó por completo, y surtió tan asombrosa influencia en mí, que se me trabó la lengua, de modo que no pude hablar. Una densa oscuridad se formó alrededor de mí, y por un momento me pareció que estaba destinado a una destrucción repentina.

16  Mas esforzándome con todo mi aliento por pedirle a Dios que me librara del poder de este enemigo que se había apoderado de mí, y en el momento en que estaba para hundirme en la desesperación y entregarme a la destrucción —no a una ruina imaginaria, sino al poder de un ser efectivo del mundo invisible que ejercía una fuerza tan asombrosa como yo nunca había sentido en ningún otro ser— precisamente en este momento de tan grande alarma vi una columna de luz, más brillante que el sol, directamente arriba de mi cabeza; y esta luz gradualmente descendió hasta descansar sobre mí.

17  No bien se apareció, me sentí libre del enemigo que me había sujetado. Al reposar sobre mí la luz, vi en el aire arriba de mí a dos Personajes, cuyo fulgor y gloria no admiten descripción. Uno de ellos me habló, llamándome por mi nombre, y dijo, señalando al otro: Éste es mi Hijo Amado: ¡Escúchalo!

18  Había sido mi objeto recurrir al Señor para saber cuál de todas las sectas era la verdadera, a fin de saber a cuál unirme. Por tanto, luego que me hube recobrado lo suficiente para poder hablar, pregunté a los Personajes que estaban en la luz arriba de mí, cuál de todas las sectas era la verdadera (porque hasta ese momento nunca se me había ocurrido pensar que todas estuvieran en error), y a cuál debía unirme.

19  Se me contestó que no debía unirme a ninguna, porque todas estaban en error; y el Personaje que me habló dijo que todos sus credos eran una abominación a su vista; que todos aquellos profesores se habían pervertido; que "con sus labios me honran, pero su corazón lejos está de mí; enseñan como doctrinas los mandamientos de los hombres, teniendo apariencia de piedad, mas negando la eficacia de ella".

20  De nuevo me mandó que no me uniera a ninguna de ellas; y muchas otras cosas me dijo que no puedo escribir en esta ocasión. Cuando otra vez volví en mí, me encontré de espaldas mirando hacia el cielo. Al retirarse la luz, me quedé sin fuerzas, pero poco después, habiéndome recobrado hasta cierto punto, volví a casa. Al apoyarme sobre la mesilla de la chimenea, mi madre me preguntó si algo me pasaba. Yo le contesté: "Pierda cuidado, todo está bien; me siento bastante bien". Entonces le dije: "He sabido a satisfacción mía que el presbiterianismo no es verdadero". Parece que desde los años más tiernos de mi vida el adversario sabía que yo estaba destinado a perturbar y molestar su reino; de lo contrario, ¿por qué habían de combinarse en mi contra los poderes de las tinieblas? ¿Cuál era el motivo de la oposición y persecución que se desató contra mí casi desde mi infancia?

21  A los pocos días de haber visto esta visión, me encontré por casualidad en compañía de uno de los ministros metodistas, uno muy activo en la ya mencionada agitación religiosa; y hablando con él de asuntos religiosos, aproveché la oportunidad para relatarle la visión que yo había visto. Su conducta me sorprendió grandemente; no sólo trató mi narración livianamente, sino con mucho desprecio, diciendo que todo aquello era del diablo; que no había tales cosas como visiones ni revelaciones en estos días; que todo eso había cesado con los apóstoles, y que no volvería a haber más.

22  Sin embargo, no tardé en descubrir que mi relato había despertado mucho prejuicio en contra de mí entre los profesores de religión, y fue la causa de una fuerte persecución, cada vez mayor; y aunque no era yo sino un muchacho desconocido, apenas entre los catorce y quince años de edad, y tal mi posición en la vida que no era un joven de importancia alguna en el mundo, sin embargo, los hombres de elevada posición se fijaban en mí lo suficiente para agitar el sentimiento público en mi contra y provocar con ello una encarnizada persecución; y esto fue general entre todas las sectas: todas se unieron para perseguirme.

23  En aquel tiempo me fue motivo de seria reflexión, y frecuentemente lo ha sido desde entonces, cuán extraño que un muchacho desconocido de poco más de catorce años, y además, uno que estaba bajo la necesidad de ganarse un escaso sostén con su trabajo diario, fuese considerado persona de importancia suficiente para llamar la atención de los grandes personajes de las sectas más populares del día; y a tal grado, que suscitaba en ellos un espíritu de la más rencorosa persecución y vilipendio. Pero, extraño o no, así aconteció; y a menudo fue motivo de mucha tristeza para mí.

24  Sin embargo, no por esto dejaba de ser un hecho el que yo hubiera visto una visión. He pensado desde entonces que me sentía igual que Pablo, cuando presentó su defensa ante el rey Agripa y refirió la visión, en la cual vio una luz y oyó una voz. Mas con todo, fueron pocos los que le creyeron; unos dijeron que estaba mintiendo; otros, que estaba loco; y se burlaron de él y lo vituperaron. Pero nada de esto destruyó la realidad de su visión. Había visto una visión, y él lo sabía, y toda la persecución debajo del cielo no iba a cambiar ese hecho; y aunque lo persiguieran hasta la muerte, aún así sabía, y sabría hasta su último aliento, que había visto una luz así como oído una voz que le habló; y el mundo entero no pudo hacerlo pensar ni creer lo contrario.

25  Así era conmigo. Yo efectivamente había visto una luz, y en medio de la luz vi a dos Personajes, los cuales en realidad me hablaron; y aunque se me odiaba y perseguía por decir que había visto una visión, no obstante, era cierto; y mientras me perseguían, y me vilipendiaban, y decían falsamente toda clase de mal en contra de mí por afirmarlo, yo pensaba en mi corazón: ¿Por qué me persiguen por decir la verdad? En realidad he visto una visión, y ¿quién soy yo para oponerme a Dios?, o ¿por qué piensa el mundo hacerme negar lo que realmente he visto? Porque había visto una visión; yo lo sabía, y sabía que Dios lo sabía; y no podía negarlo, ni osaría hacerlo; por lo menos, sabía que haciéndolo, ofendería a Dios y caería bajo condenación.

26  Mi mente ya estaba satisfecha en lo que concernía al mundo sectario: que mi deber era no unirme a ninguno de ellos, sino permanecer como estaba hasta que se me dieran más instrucciones. Había descubierto que el testimonio de Santiago era cierto: que si el hombre carece de sabiduría, puede pedirla a Dios y obtenerla sin reproche.

 

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